Archivos para Auguste Villiers de l’Isle-Adam

¡No hay tiempo, maldita sea! ¡No hay tiempo! Tanto por leer, y no hay tiempo.

(Los jóvenes no deben preocuparse, esto no va con ellos; tienen todo el tiempo para sí; el tiempo está de su parte –o, al menos, así lo creen ellos, que viene a ser casi lo mismo– y aún no se ha convertido en algo real, corpóreo, que uno ve pasar de largo, cada vez más deprisa).

No hay tiempo, pero la ominosa pila de “libros pendientes” sigue creciendo, y con ella mi ansiedad. No tengo tiempo de leerlos todos, pero sigo comprando libros sin cesar. Uno es así de imbécil. (Creo que fue Borges quien, en algún cuento, decía: “como todo poseedor de una biblioteca, Aureliano se sentía culpable de no conocerla haste el fin”. Cito de memoria, así que, séame perdonada la posible inexactitud, please.)

Ahora mismo estoy leyendo Berlín Alexanderplatz, de Alfred Döblin (en español, porque por el alemán navego con gran dificutad, y sólo si son aguas tranquilas), uno de esos libros que vas leyendo con cierta perplejidad y descreimiento, hasta que, de repente, zas, te atrapa, y ya no hay escapatoria, como me acaba suceder esta mañana mientras desayunaba debajo de mi incipiente emparrado (piaban unas oropéndolas y zumbaban avispas).

Pero simultaneo la lectura de las peripecias berlinesas de Franz Biberkopf con las Novelas bálticas, de Eduard von Keyserling (un noble alemán de Letonía, o un letón de la aristocracia alemana, demostrando que en este mundo se puede ser casi cualquier cosa), los Contes cruels de Villiers de l’Isle-Adam, La diplomacia del ingenio, de Marc Fumaroli, el tercer volumen de Naufrages…, de Deperthes, una obra singularisima, maravillosa y emocionante, que descubrí gracias a Ernst Jünger, y las Misceláneas primaverales de Natsume Soseki. (Siempre leo varios libros a la vez, sin que haya ninguna razón explicable para este hábito).

Eso, lo que tengo entre manos. Lo que cada noche me mira, con reprobación y amenaza, desde la mesilla de noche, esperando turno, ni lo cuento.

¡No hay tiempo! ¡No hay tiempo, coño!

deperthes

Berlín Alexanderplatz, Alfred Döblin. Ed. RBA. Traducción de Miguel Sáenz.

Histoires des naufrages, ou recueil des relations les plus intéressantes des naufrages, hivernements, délaissemens, incendies, et autres événements funestes arrivés sur mer, (3 vol.), Jean Louis Hubert Simon Deperthes. Facsímil, (Imprimerie de Brodard, à Coulommiers).

Misceláneas primaverales, Natsume Sõseki, Satori Ediciones. Traducción de Akira Sugiyama.

Contes cruels, Villiers de l’Isle-Adam. Ed. Gallimard (Folio classique).

La diplomacia del ingenio. De Montaigne a La Fontaine. Ed. Acantilado. Traducción de Caridad Martínez.

Novelas bálticas, Eduard von Keyserling. Ed. Navona. Traducción de Xandru Fernández y Miriam Dauster.