Archivos para El arte de leer

Elogié por tuíter hace poco un interesante símil que se inventa Thomas Mann en La montaña mágica. Es este:

«En los muelles del puerto las imponentes grúas de vapor imitaban la tranquilidad, inteligencia y fuerza gigantesca de elefantes domesticados transportando toneladas de sacos, fardos, cajas, toneles…».

Una amable seguidora (o fologüeresa) me hizo algunas preguntas y me pidió algunas aclaraciones al respecto. Le respondo con gusto y gratitud.

En primer lugar reitero que estamos ante un símil, aunque se haya desviado de la estricta fórmula que nos enseñaron a algunos, según la cual un símil dice que A es como B. Mann no dice «las grúas son como elefantes», sino «las grúas imitan a los elefantes». Es verdad que los dos términos del símil quedan más alejados entre sí unirse con imitan en vez de mediante son como, pues en este último caso vemos que las naturalezas de ambas cosas están muy cerca por su propia constitución, es decir, que siempre están muy cerca, mientras que la imitación puede indicar sólo una aproximación temporal y dependiente de la voluntad del imitador, no de su propia constitución o esencia. Pero esta diferencia, aunque no sea baladí, no impide afirmar que estamos, en efecto, ante un símil.

Continuar leyendo…

Entre quienes nos dedicamos a escribir hay tres grupos:

  • Los que siguen puntillosa y escrupulosamente todas las normas ortográficas, tipográficas y de estilo.
  • Los que se las saltan porque las desconocen (y se niegan a conocerlas). Es un grupo despreciable.
  • Los que las conocemos, pero nos las saltamos cuando nos parece mejor hacerlo.

La novela de Javier María, Tomás Nevinson, ofrece un interesante ejemplo de esto último. Permítanme unos preámbulos.


Los signos de puntuación son un tesoro para los interesados en estas discusiones inacabables. Pero en literatura, además de sus funciones gramaticales, para mí tienen también una dimensión visual y estética que muy pocas veces se tiene en cuenta. A fin de cuentas son trazos, marcas, manchas sobre el papel que aparecen entre las letras o sobre ellas o por debajo de ellas o enmarcándola o separándolas. Un párrafo lleno de comas, por ejemplo, puede llegar a causar un impacto visual en el lector parecido al de una pared ametrallada o a un campo invadido por ortigas, algo hirsuto, espinoso y erizado de obstáculos.

Más aún lo sería una página llena de comillas, pues estas son más aparatosas que las discretas comas.

Disponemos, como sabe cualquiera, de tres tipos de comillas en español, las españolas («…»), también llamadas latinas y angulares, las inglesas (“…”) y las simples (‘…’).

Continuar leyendo…

Centroeuropa

6 febrero, 2021 — Deja un comentario

Autor: Vicente Luis Mora

Título: Centroeuropa

Editorial: Galaxia Gutenberg

Páginas: 184

            Una de las primeras lecturas de 2021 ha sido Centroeuropa, de Vicente Luis Mora, ganadora del Premio Málaga de novela (un premio en alza) de hace dos años. Es una buena novela que merecería una reseña más articulada, pero el poco tiempo y las muchas prisas me llevan a presentarles, en su lugar, una transcripción casi literal de mis notas de lectura. Es, pues, la crónica de una lectura o, a lo sumo, una reseña en construcción: cimientos y algunas vigas maestras con unos pocos arreglos posteriores, incluyendo la secuencia de su exposición, que no siempre se corresponde con el orden en el que fueron garabateadas. He aquí las notas:

Continuar leyendo…

«Un amor», de Sara Mesa

14 septiembre, 2020 — 4 comentarios

Un amor, de Sara Mesa, es lo primero que leo de esta interesante e intensa novelista («intensa» en el sentido primigenio y más noble de la palabra, no en la acepción despectiva que va adquiriendo hoy). Superadas unas primeras páginas algo desvaídas en propósito y tensión, que no auguraban grandes cosas, la narración se afina, se agudiza, adquiere un ritmo vivo y vivificador y conduce de un tirón hasta su final, con una eficacia admirable; un ritmo que la escritora lleva dentro —talento innato—, porque una velocidad de crucero tan adecuada a lo que está contando y tan titánicamente mantenida, no se adquiere sólo con aplicación y técnica.

La arquitectura de la novela no nos depara ninguna complejidad y avanza derechita a su meta. Es lineal y sencilla, y en realidad tan solo nos presenta dos puntos de viraje, esos en los que la acción o la evolución del protagonista cambian de rumbo y hacen que la narración avance: la sorprendente (y aceptadamente soez) “entrada” de un hombre en la vida de Nat (una mujer) y su posterior salida. Tras esa salida, caminamos junto a la protagonista como testigos de su agonía y su perplejidad para lograr digerir la pérdida.

Esa linealidad de la trama, su relativa brevedad y la limitada polifonía acercan bastante Un amor al cuento, pero esto no le quita nada de valor. La limitada polifonía se debe a que no hay muchos personajes que tengan un peso importante en la narración, y salvo la propia Nat y tal vez el “entrador” (nada más puedo revelar de él: mis labios están sellados), no están muy ambiciosamente desarrollados.

Hay un cierto grado de decepcionada sorpresa con el final, que consiste (el final) en la aceptación de que todo ha sucedido porque tenía que suceder y de que el acontecimiento del pasado que parece haberlo desencadenado todo, ineluctablemente había de traer a Nat hasta este final y a ningún otro. En realidad, la impresión que (me) produce es la de que la novelista no sabe bien como sacar a Nat del laberinto en el que la ha metido y lo resuelve con una faena que, sin ser desastrosa, es tan solo de aliño.

Continuar leyendo…

Si reconocemos al personaje después de tantas páginas, que son años, ¿no es también imaginable que el personaje nos reconozca a nosotros los lectores? ¡Qué halago!

Continuar leyendo...