Archivos para julio 2016

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30 julio, 2016 — 6 comentarios
Publicado en Málaga Hoy, el viernes 29 de julio de 2016.

El haiku, la captura poética del instante, lleva tiempo de moda entre nosotros. Una notable excepción en un mundo en el que la poesía está proscrita.

Hablemos de él.

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Para quien pueda tener dificultad de lectura con la foto del artículo, aquí va el texto: 

TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles 

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Cinco siete cinco: fórmula del haiku. Tres versos de 5, 7 y 5 moras (parecidas a sílabas). En nuestra métrica, una especie de tercetillo sin rima.

Si el número de quienes leen libros es exiguo, el de quienes leen poesía se expresa con un guarismo negativo. Sin embargo, el haiku está de moda, aunque me temo que a la manera del sushi. El haiku es una instantánea, un fulgor. Atrapa un relámpago de vida. Su paradoja: dar impresión de fugacidad, de captar un embrujo porque el poeta pasaba por allí, cuando en realidad es una laboriosa destilación. Su otra paradoja: portentosa libertad de imaginería dentro de normas estrictas.

Gran palabrero, Barthes llamó al haiku Supremo bien de la escritura. Su atractivo no es solo intelectual y poético; también es visual. Su brevedad permite una disposición oreada en la página. Espacio libre alrededor; aire para que respire. Sólo mirarlo recompensa y desahoga. Su tenuidad nos limpia.

La brevedad no es frecuente en nuestra lírica, pero existe, como en este poema de un solo verso del sonoro Domenchina: Laurel del esfuerzo: la muerte, o el tercetillo donde a Miguel d’Ors le sale un casi-haiku de inesperada belleza:

Anónimos y en prosa

se consumen mis años.

Qué pequeña mi vida.

Son muchas las técnicas del haiku. Comparación: Siesta de primavera. / Río abajo / cerezos en brote (los brotes son flores por despertar). Contraste: Se desenvaina / la espada Tomokiri / y canta un cuco. Asociación: Va hacia el sol / y se lleva el caballo / la sombra del monte. El wabi (pobreza y sencillez): Gorrioncillo, / quita, quita de ahí, / que pasa don  caballo. Hay muchas más.

El lector de haiku advierte pronto la presencia de una palabra que indica la estación del año a que se alude. Son los kigo o palabras estacionales, de las que hay prolijas listas para uso del poeta. Lo que el lector occidental no advierte es otro elemento clave del haiku, el kiru o palabra corte, que crea una pausa en el avance hacia su comprensión; el nipófono la percibe. Casi nunca hay kiru en las traducciones, pero sí kigo:

Viento invernal.

Los ojos de los gatos

parpadean.

Gatos a la intemperie que nos hacen sentir la plenitud del invierno. Callemos ahora ante las cigarras del estío:

Tanta quietud.

El canto de las cigarras

Perfora la piedra.

En el clásico haiku de Bashô, el kiru es la palabra ya, a veces pobremente indicada con una raya en las traducciones:

Furuike ya/ El viejo estanque—

Kawazu tobikomu/ Se zambulle una rana

Mizu no oto/ El sonido del agua

Preciosa anécdota la del maestro de haiku que, leyendo un ejercicio donde se hablaba de un bosque bañado por la luna, dijo: Está bien, ¿pero por qué un bosque? ¿No basta con un árbol?

Si el haiku captura un instante luminoso, su deleite nos exige un acto de inocencia. Entonces sí, el haiku resplandece y nos hace mejores.

Vetusta erótica

23 julio, 2016 — 2 comentarios
Publicado en Málaga Hoy, el viernes 22 de julio de 2016.
También disponible aquí.

 

La Regenta es una de las mejores novelas jamás escritas en lengua española. Y además de su gran calidad literaria, su lectura garantiza unos ratos divertidísimos. No es menester añadir más, aunque he querido, en mi artículo semanal, señalar dos de sus muchos aspectos notables: humor y erotismo:

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clarin

Leopoldo Alas, “Clarín”

 

 

Ostranenie

20 julio, 2016 — Deja un comentario
Publicado en Málaga Hoy el viernes 15 de julio de 2016.
También disponible aquí.

 

Los formalistas rusos se ocuparon mucho de estudiar qué es lo que convierte a unos textos en «literatura», separándolos de otros que no lo son, por no tener esa cualidad misteriosa que ellos llamaron literaturnost (literaliedad -ojo, no «literalidad»-).

Junto a ese concepto de gran profundidad, estudiaron técnicas, procedimientos, mecanismos, mil y un recursos que los escritores usan, a veces con plena conciencia y a veces sin ella, pero que señalan también por qué unos textos son arte literario y otros no.

Aquí ocupo de uno de esos recursos.

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TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles 

Ostranenie

La lengua diaria es automática y funcional. La literaria no; para serlo ha de desautomatizar la lectura, impedir que el lector avance por inercia y lograr que se detenga ante lo que lee. Debe hacernos ver lo ya visto como si fuera la primera vez. A la técnica para conseguirlo, los formalistas rusos la llamaron ostranenie: desfamiliarización.

Tolstói usó con frecuencia y genio este artificio novelístico. Pongamos la lupa sobre una escena de Guerra y paz.

La adorable Natasha acude a la ópera. Tras fijar nuestra atención sobre su belleza, Tolstói nos hace mirar el espectáculo a través de sus confundidos ojos. De pronto una normal representación operística nos parece algo incomprensible.

En el centro del escenario había unas tablas rectas y a los lados cartones pintados […] al fondo había una tela…

Ya no vemos un paisaje o una estancia, sino los elementos inconexos y sin sentido que los componen. Como el personaje de Ray Milland, empezamos a tener rayos X en los ojos.

Ahora la ostranenie cae sobre los artistas. Salen unas jóvenes: Todas cantaban algo. ¡Algo! También hay una mujer gruesa y un hombre con calzón que movía mucho los brazos.

Recién venida del campo […] todo aquello le pareció a Natasha absurdo y grotesco […] veía sólo cartones pintados, hombres y mujeres extrañamente vestidos…

Su mirada aturdida nos hace ver como algo nuevo lo tantas veces visto: una ópera. Su representación ritual ha sido desacralizada y, al poco, la desazón de la ostranenie la envuelve a ella misma.

…fue sumiéndose en un estado de abstracción […] Ya no recordaba quién era, dónde estaba ni qué ocurría a su alrededor…

Pero donde Tolstói aplica mejor esta técnica, es cuando nos habla de la muerte, que trató en profundidad, no solo en la prodigiosa La muerte de Iván Ilich, sino en multitud de pasajes de sus novelas y relatos. Hay un maravilloso ejemplo en Infancia.

La madre del narrador está muriendo y es ella la que nos da noticia en una carta a su marido:

Nadie sospecha hasta qué punto es una cosa grave. Lo único que sé es que no volveré a levantarme de la cama. No pierdas ni un minuto; ven en seguida…

No hay nada extraño en la forma de comunicar la triste noticia, aun con su punto de melodrama. Pero cuando Tólstoi consigue que el lector se detenga y no pueda seguir adelante, sin preguntarse cómo vivirá él ese momento, es cuando hace escribir a la madre:

¿Acabará junto con mi existencia mi amor hacia ti y hacia los niños?

En apariencia, nada extraordinario. Una simple pregunta. Pero su efecto es fulminante. Ya no es ella la que muere. ¡Ahora es nuestro propio morir el que nos hace frente y nos desafía, a través de los ojos de la moribunda! La muerte sale de la novela, entra en nuestra vida y nos interpela. Y nada podemos hacer para impedirlo.  Arte novelístico.

Publicado en Málaga Hoy, el viernes 8 de julio de 2016
La lupa, hoy, sobre un exótico símbolo literario, sobre el atolondrado, pero delicioso, proceso mental que nos lleva, a los lectores, de un libro a otro, como una mariposa volitando, sacudida por la brisa, en un campo de margaritas, y sobre dos grandes escritores que, de haberse conocido, se habrían ignorado con olímpico desdén mutuo.
También disponible aquí.

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Tortugas y lapislázulis

tortuga

Atroísmo

2 julio, 2016 — 3 comentarios
Publicado en Málaga Hoy, el viernes 1 de julio de 2016.

La novelista rusa Marina Palei no tiene miedo de meterse en un ortigal, porque sabe salir. La retórica, la vieja, desprestigiada y casi olvidada retórica, sigue ahí, a disposición de los escritores, tanto si conocen su teoría como si no, y acude en su rescate con sus figuras, sus mecanismos, sus recetas.

Da igual que el escritor no sepa qué figura ha usado, si es una antanagoge, una endíadis o un quiasmo. El buen escritor recurre a sus lecturas y a su oído y da con la clave salvadora.

Aquí, Palei se libra mediante un atroísmo (aunque sea un poco sui generis). La técnica de la escritora nos lleva al arte.

Leámoslo.

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