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Stoner

27 agosto, 2016 — Deja un comentario
Publicado en Málaga Hoy el viernes 26 de agosto de 2016.

Stoner, de John Williams, es una de las mejores novelas del siglo XX. Así lo creo y por eso recomiendo su lectura.

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Para quien pueda tener dificultad de lectura con la foto del artículo, aquí va el texto:

TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles

STONER

Debo a la espontánea generosidad de un amigo haber leído Stoner, de John Williams, una de las grandes novelas del siglo XX. No voy a reseñarla; solo pondré mi lupa de lector minucioso sobre un par de cosas, para explicar un trozo de mi admiración.

Nada más acabarla tuiteé este resumen: Épica de la medianía; conmovedora pequeña grandeza de la decencia; estoicismo campesino ante la adversidad. Me sigue valiendo.

La novela es admirable: la tensión, tan medida, de la trama; el resignado realismo; el lirismo desperdigado; los impresionantes personajes. Esa es la urdimbre de su verdadero tema: la fatalidad frente al libre albedrío. No lo he visto consignado en reseñas ni críticas, así que debe de ser cosa mía. ¿Es William Stoner quien determina el curso de su vida? La confusión sobre su propia existencia es fuente de pesadumbre y esta, el tono general de la novela. De ella no se sale como se entra, porque nos hace ver, con crudeza quirúrgica, que la vida puede ser así, como la de Stoner.

Y ahora la lupa. (Las traducciones son mías).

El amargo matrimonio del protagonista con Edith es una clave de bóveda de la historia:

Al mes sabía que su matrimonio era un fracaso; al año dejó de esperar que mejorase. Aprendió a callar y no porfió en su amor.

John Williams compone un cuadro, certero hasta el asombro, de Edith y su familia. En esa casa El enfado eran días de educado silencio y el amor, una cortés palabra de afecto. A veces, sin embargo, moja el pincel en acíbar:

[Edith] pertenecía a una clase social para la que la protección era un deber casi sagrado […] de modo que creció con un discreto talento para las artes más exquisitas y ninguna conciencia de la necesidad de ganarse la vida.

La escena de la boda es formidable. Con qué maestría se nos muestra el contraste entre la familia campesina de él (hay ecos de Las uvas de la ira) y la burguesa de ella. Los padres de Stoner, intimidados, …estaban llamativamente solos en una esquina de la habitación.

Empieza la ceremonia y John Williams, a lo Tolstói, la desmenuza para impedir una lectura rutinaria y hacernos ver una boda súbitamente absurda, que avisa zozobras y naufragios:

Un desconocido con alzacuellos se plantó frente a ellos; era bajo y gordo, con un rostro anodino; parloteaba y miraba un libro blanco que tenía en las manos.

Su boda se le cae encima. Hay mucha gente y aturdimiento. Stoner ve a sus padres varados y envarados en la misma esquina, de la que no se habían movido. Dos monigotes y un gesto torpe, entre el cariño y el azoramiento, del rústico granjero en aquel ambiente de ceremoniosa urbanidad:

Su madre sonreía y su padre apoyaba, desaliñadamente, una mano sobre su hombro.

Pasa la vida, perpleja, y llegan la enfermedad y la muerte,

Se tomaba las pastillas y sentía el dolor recular hacia la oscuridad, como un animal receloso.

 y sus recuerdos confluyen en una pregunta que martillea los últimos minutos de su vida y de nuestra lectura:

¿Qué esperabas?

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De desgracia en desgracia; de fracaso en fracaso. ¡Léanla!

Con esta exhortación podría terminar la reseña, pero creo que es mi deber añadir algunos argumentos.

«Stoner», del tejano John Williams (1922-1944) es una novela que impresiona. Cuesta imaginar lectores que salgan indemnes de su lectura. Se la termina medio grogui, con  un ánimo que vacila entre el desconcierto y la zozobra, aunque tamizados por la engañosa blandura de una clase media provinciana. También se emerge de la angustia con la nítida sensación de haber leído una de las grandes novelas del siglo XX.

«Stoner» es una historia triste, desolada y desoladora, porque nos recuerda que la vida puede ser como la que se nos cuenta. Con la concisión que impone Twitter, hace pocas horas taquigrafié en @SanzIrles tres frases que podrían ser mi resumen: «Épica de la medianía; conmovedora pequeña grandeza de la decencia; estoicismo campesino ante la adversidad».

Se podría añadir otra: el Libro de Job de la Norteamérica sureña. Continuar leyendo…