Arranques inolvidables

15 mayo, 2013 — Deja un comentario

Un primer párrafo arrebatador suele preceder un buen libro.

He estado revisando mis cuadernos de lecturas para reunir unos pocos de esos arranques inolvidables que me impresionaron. (Los reproduzco en la lengua en que los leí, junto a su traducción cuando es el caso):

Léon Bloy, Méditations d’un solitaire en 1916. Ed. La part commun, 2010.

Oui, Elisabeth ton parrain est un solitaire et même un corbeau de nuit au sens de l’affreux mot grec nycticorax.

Cela signifie que je parle ou que je croasse dans les ténèbres au fond d’un dessert où ne viendront m’entendre que ceux qui se sont éloignés de tous les chemins de la multitude.

“Sí, Elisabeth, tu padrino es un solitario, y hasta un cuervo nocturno, en el sentido de la terrible palabra griega nycticorax.

Eso quiere decir que hablo o que grazno en las tinieblas, desde el fondo de un desierto al que solo vendrán a escucharme los que se han apartado de todos los caminos de las multitudes”. (Traducción propia). 

Otro grito, casi una imprecación, del marginal, enfurecido y sarcástico Bloy.

Lev Tolstoi, Ana Karénina. Ed. Austral, 2007

“Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada”. (Traducción: Editorial Iberia).

No se especifica el autor de esta traducción, la que tenía a mano, que es pesada y no acaba de gustarme. Sobre las traducciones de los clásicos rusos tengo previsto publicar algo pronto aquí, pero acabo de encontrar otro blog con las mismas inquietudes: http://unbrilloensordecedor.blogspot.com.es/2013/02/anna-karenina-en-busca-de-la-traduccion.html
Chateaubriend, Memorias de ultratumba. Ed. El Acantilado, 2004.

“14 de abril de 1846

Como me es imposible prever el momento de mi fin, y a mis años los días concedidos a un hombre no son sino días de gracia, o más bien de rigor, voy a explicarme.

El próximo 4 de septiembre cumpliré setenta y ocho años: es hora ya de que abandone un mundo que me abandona a mí y que no echo de menos”. (Traducción: Jose Ramón Monreal).

Natsume Soseki, Kusamakura. Ed. Sígueme, 2009

“Cuando ascendía por el sendero del monte, me dio por pensar: “Si solo funciono con la lógica, me estrello contra una esquina. A la deriva de las emociones, me arrastra la corriente. Y si me empeño en imponer lo que me viene en gana, asfixio la convivencia. Lo tome como lo tome, este mundo humano es inhabitable. Cuanto más inhabitable se vuelve, más aumentan las ganas de evadirse en busca de un lugar donde la vida resulte llevadera. Pero te mudes donde te mudes, no dejará de ser un lugar inhabitable. A partir de este lúcido desengaño germina el poema…” (Traducción: Emilio Masiá y Meo Kuwano).

Un párrafo memorable, cuya sencillez es ya toda una declaración de principios. El narrador oscila, pelea, se debate… entre estar en este mundo banal al que está encadenado por sus intereses, y escapar de él para contemplarlo desapasionadamente como un espectador, gracias al arte.
Marcel Proust, À la recherche du temps perdu (I. Du côté de chez Swan). Ed. Gallimard, 1992.

Longtemps je me suis couché de bonne heure. Parfois, à peine ma bougie éteinte, mes yeux se fermaient si vite que je n’avais pas le temps de me dire : “Je m’endors.”

“Mucho tiempo he estado acostándome temprano. A veces, con la vela recién apagada, mis ojos se cerraban tan deprisa que no tenía ni tiempo de decirme ‘ya me duermo’”. (Traducción propia).

Un arranque célebre, de los que se aprenden de memoria los escolares en Francia, y que ya contiene, en forma sutilmente concentrada, el tono, la personalísima voz de Proust, que sostendrá toda la obra (un monumento al humor, contra lo que suelen creer los que no la han leído). Imposible no pensar, al releer este arranque, en el fascinante bucle con que Proust cierra la inmensa novela, siete volúmenes y miles de páginas después (o sea, semanas de lectura). Allí, cuando el lector se prepara para cerrar, con gran pesadumbre, el último volumen, y despedirse de tantos personajes inolvidables, ¡el protagonista le dice que se va corriendo a su casa para empezar  escribirla!
Ernst Jünger, Sobre los acantilados de mármol. Ed. Destino.

“Todos vosotros conocéis la profunda melancolía que nos sobrecoge al recordar los tiempos felices. Esos tiempos que se han alejado para no volver más…” (Traducción: Tristán La Rosa).

 
Y para terminar, uno de mis arranques favoritos, y que pese a su ausencia de complicaciones lingüísticas, no es fácil de traducir respetando el particular ritmo que le imprime el autor.
John Banville, Athena. Ed. Vintage 1996.

My love. If words can reach whatever world you may be suffering in, then listen. I have things to tell you.

“Mi amor. Si pudieran mis palabras llegar hasta el mundo en el que andes sufriendo, escúchame. Tengo cosas que decirte”. (Traducción propia).

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