Archivos para Escritores

El 12 de abril de 2018 organicé, con la ayuda de cuatro amigos y compañeros literatos (y afines), una jornada de celebración de La tierra baldía, de T. S. Eliot. Durante el mismo expuse unas ideas sobre el poema y presenté mi traducción —¡por fin terminada!— del mismo.

La traducción, con un prólogo de José Antonio Montano, se publicará en breve.

Aquí está mi intervención y la lectura de unos fragmentos de la traducción.

Y aquí está la grabación del acto completo.

Finalmente, aquí pueden ver el montaje que preparé con la recitación del poema entero, en inglés, al que le añadimos la sobreimpresión del texto, verso a verso, también en inglés, para facilitar su visionado.

Ojalá lo disfruten.

 

Kurtz

15 abril, 2018 — Deja un comentario

Publicado en Málaga Hoy el viernes 13 de abril de 2018.

Marlon Brando fue un Kurtz a su manera, pero el Kurtz Kurtz era este.

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Para quien pueda tener dificultad de lectura con la foto del artículo, aquí va el texto:

TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles 

KURTZ

Una forma de captar en qué consiste el género novela, es verlo como una invención que se ocupa de reflejar el paso de un estado de inocencia a otro de experiencia, de la ignorancia al conocimiento de los verdaderos modos de la vida y del mundo. Lionel Trilling, explica esto mismo con los términos apariencia y realidad.

El romance, género literario anterior a la novela, es otra cosa. El protagonista del romance, de los libros de caballerías, es un verdadero héroe y siempre acaba por demostrárnoslo. El de la novela es más un héroe sin heroísmo, y si no tiene un final desastrosamente trágico o infeliz, es porque acabó por rendirse a la evidencia del mundo, por dejar atrás sus ilusiones de grandeza y avenirse a la roma realidad. Ese fue el final de nuestro inolvidable Alonso Quijano, que deja la adarga para morir en su lecho, o de Pierre Bezujov, casado con Natasha, en Guerra y paz.

De ese viaje que tantas novelas cuentan, desde la libre ignorancia a la resignada aceptación, o desde una salvaje libertad a los grises yugos de la sociedad, la inolvidable novela de Conrad, En el corazón de las tinieblas, es un ejemplo especial.

En las primeras páginas de la novela sabemos de un viejo hipopótamo al que muchos hombres querían darle caza, sin lograrlo:

Ese animal tiene una vida encantada, y eso sólo se puede decir de las bestias de este país. Ningún hombre, ¿me entiende usted?, ningún hombre tiene aquí el mismo privilegio

Esa libérrima bestia que entra y sale del agua cuando quiere, derrochando su poderío, parece anunciar al gran personaje Kurtz:

… me pareció ver por primera vez a Kurtz. Fue un vislumbre preciso: la canoa, cuatro remeros salvajes; el blanco solitario que de pronto le daba la espalda a las oficinas principales, al descanso, tal vez a la idea del hogar, y volvía en cambio el rostro hacia lo más profundo de la selva, hacia su campamento vacío y desolado.

heartdark

El buana solitario, la vista puesta en lo más hondo de la selva, de espaldas a cualquier idea de civilización… Kurtz es un tirano que no conoce ley; se convierte en tal en cuanto prueba la embriaguez del poder absoluto. Kurtz busca ser Dios. Kurtz deja atrás, pronto, su pasado de hombre civilizado. Kurtz representa el lado salvaje, el mundo tenebroso al que el título de la novela alude.

Kurtz peroraba. ¡Qué voz! ¡Qué voz! Resonó profundamente hasta el mismo fin. Su fortaleza sobrevivió para ocultar entre los magníficos pliegues de su elocuencia la estéril oscuridad de su corazón.

Incluso después de muerto, ese mítico Kurtz lancea como Mío Cid, a través de testimonios de terceros:

…pero, ¡cielos!, qué manera de hablar la de aquel hombre. Electrizaba a las multitudes. Tenía fe, ¿ve usted?, tenía fe. Podía convencerse y llegar a creer cualquier cosa, cualquier cosa. Hubiera podido ser un espléndido dirigente para un partido extremista.

Pero después de ese extraño y terrible mundo onírico y sin normas, ¿a dónde llegamos?

Aunque el peso y el grave tono de la tragedia llegan hasta el final, aunque al aura mítica del personaje Kurtz se mantiene, el escenario en el que acaba la novela es justo el opuesto al que conocimos al principio. De la brutal jungla hemos regresado al mundo de las convenciones y las normas, un mundo de muebles dorados, chimeneas de mármol y pianos de cola. Adiós, Congo proceloso. Bon jour, tristesse.

Caía el crepúsculo. Tuve que esperar en un amplio salón con tres grandes ventanas, que iban del suelo al techo, semejantes a tres columnas luminosas y acortinadas. Las patas curvas y doradas y los respaldos de los muebles brillaban bajo el reflejo de la luz. La alta chimenea de mármol ostentaba una blancura fría y monumental. Un gran piano hacía su aparición masiva en una esquina…

Tiresias

12 abril, 2018 — 1 Comentario

Publicado en Málaga Hoy el viernes 6 de abrilde 2018.

El viejo adivino, Tiresias, aparece en la literatura europea cuando menos te l oesperas.

2018_04_06_TiresiasPara quien pueda tener dificultad de lectura con la foto del artículo, aquí va el texto:

TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles 

TIRESIAS

He andado unos meses con T. S. Eliot y La tierra baldía. En ese espectacular poema la figura de Tiresias ocupa un lugar central, alrededor del que todo gravita.

Tiresias fue ciego desde joven. Según unos su ceguera fue obra de la diosa Atenea, en castigo por haberla sorprendido desnuda; pocas bromas con Atenea. Según otros la causante fue Hera, encolerizada porque Tirias le dio la razón a Zeus, en una disputa que mantenían ambos dioses sobre quién de los dos gozaba más en la coyunda. En ambos casos, eso sí, la ceguera le fue compensada con el don de ver el futuro. Ese destino ha fascinado desde siempre a los poetas.

Tiresias fue el gran mediador. Como vidente, media entre los dioses y los hombres; por su longevidad, entre los vivos y los muertos; como andrógino, entre hombres y mujeres. Porque esa es otra: Tiresias fue hermafrodita. Oigamos a Ovidio:

…conocía este el placer de uno y otro sexo; pues con su bastón había molido a golpes a dos grandes serpientes, cuando estaban copulando en verde selva, y, convertido, ¡oh prodigio!, de hombre en mujer, había vivido siete otoños como tal.

Esta condición tan especial nos la recuerda así Eliot:

…yo, Tiresias, aunque ciego, palpito entre dos vidas;

viejo con arrugados pechos de hembra, puedo ver […]

Yo, Tiresias, anciano de tetas arrugadas…

Tiresias comparece en la literatura europea con cualquier excusa, por ese doble carácter de profeta y andrógino.

En el canto XI de la Odisea, Ulises bajó a los infiernos a pedirle consejo, ya que seguía haciendo certeros vaticinios hasta después de muerto. Profetizar puede convertirse en vicio.

Guillaume Apollinaire tiene una obrita intitulada Les mamelles de Tirésias —Los pechos de Tiresias—, de 1917. En ese drama surrealista, una tal Teresa, joven feminista que se niega a tener hijos…

Je sui féministe et je ne reconnais pas l’autorité de l’homme

…se convierte en un señor mujer, después de liberarse de sus tetas y adoptar el nombre de Tiresias; su marido, en cambio, traerá miles de hijos al mundo para repoblar la ciudad de Zanzíbar. ¡Telita de Sabadell!

 Mucho antes, en la Necyomantia de Luciano, Tiresias da esta moderna recomendación a la vieja pregunta sobre cuál es la mejor vida que puede llevarse:

…la vida de un individuo corriente: olvidarse de los filósofos y de su metafísica.

También Dante (un periodista teológico, según Cioran) llama en causa a Tiresias, a quien sitúa en el octavo círculo infernal. Allí había sido condenado a caminar con la cabeza vuelta hacia atrás por toda la eternidad, él, que en vida no hizo sino mirar al futuro. Dante empieza por recrear la fabulación de Ovidio:

Miré a Tiresias, que mudó el semblante

cuando de macho a hembra se cambiara…

Y después nos cuenta la nueva maldición que le sobrevino:

Considera a su pecho espalda siendo:

porque de más mirar quiso adelante

mira hacia atrás y va retrocediendo.

Sí. Tiresias ha sido mil veces interpelado en nuestra tradición literaria y su fama sigue creciendo y ha llegado ya hasta Japón. En Kafka en la orilla, de Haruki Murakami, sale un bibliotecario llamado Oshima, que es transexual, consejero y un poco guía espiritual.

Tiresias-san, supongo.

Publicado en Málaga Hoy el viernes 16 de marzo de 2018.

Faustino Domingo Sarmiento nos regala la mejor prosa en español del siglo XIX, para una obra histórica con alma de gran literatura.

2018_03_16_Sombra terrible de Facundo

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TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles 

SOMBRA TERRIBLE DE FACUNDO

¡Sombra terrible de Facundo voy a evocarte, para que sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo! Tú posees el secreto: revélanoslo.

Hay que sucumbir a un libro que empieza así —sucumbir es una palabra con ritmo; estribillo de rumba—. No hagan como yo, que cuando un compañero de universidad —han pasado océanos de tiempo— me elogió el libro, pensé: pues será bueno, pero que lo lea otro. Busquen la ocasión de leer este libro portentoso de Domingo Faustino Sarmiento, el escritor e historiador argentino que llegó a presidente de su país y combatió la sinrazón con la pluma y con poco éxito. De Facundo dijo Unamuno que era la mejor prosa en español de todo el XIX.

Pues hete aquí que me topé de bruces, hurgando en mis estanterías, con un ejemplar virgen. Sé que me lo regalaron. ¿Quién? ¿Cuándo? ¿A qué santo? Tal vez fue el homenaje a una amistad inolvidable y ya olvidada o a una noche de venturosa holganza con alguna mujer cuya memoria se ha perdido para siempre… Dejémoslo.

Sarmiento consigue con Facundo una maravillosa manifestación de la no-ficción creativa; historia y literatura a la vez, como Herodoto, como Tácito.

Con el pretexto de contar las funestas hazañas del terrible y crudelísimo Facundo Quiroga, Sarmiento arremete contra su odiado Juan Manuel Rosas, que fue, como se sabe, otro notorio punto filipino:

Quiroga […] era bárbaro, avaro y lúbrico, y se entregaba a sus pasiones sin embozo; su sucesor [o sea, Rosas, aclaro yo] no saquea los pueblos, es verdad, no ultraja el pudor de las mujeres, no tiene más que una pasión, una necesidad, la sed de sangre, la sed de “sangre humana”, y la de despotismo.

Al concepto kantiano de mal radical y al arendtiano del mal banal, Sarmiento agrega la idea del mal frío, de estirpe térmica.

El libro tiene tres partes. La primera es un estudio de  inspiración romántica sobre la génesis del  carácter nacional argentino. Al hablar de la región de Los Llanos, leemos:

…un pueblo que habla español y lleva y ha llevado siempre la barba completa, cayendo muchas veces hasta el pecho; un pueblo de aspecto triste, taciturno, grave y taimado; árabe, que cabalga en burros […] El llanista es el único que ignora que es el ser más desgraciado, más miserable y más bárbaro…

En la segunda se narra la vida fabulenda y tremendosa del temible gaucho Facundo Quiroga, que fue principal caudillo y figura clave de la guerra civil argentina, tras la independencia. La tercera parte está dedicada al estanciero Rosas y a su tiempo.

La mezcla de historia política, geografía humana y física, psicología y de prosa exquisita, convierten a este libro en una lectura que arrebata.

Es Tucumán un país tropical en donde la naturaleza ha hecho ostentación de sus más pomposas galas; es el edén de América, sin rival en toda la redondez de la tierra. Imaginaos los Andes cubiertos de un manto verdinegro de vegetación colosal, dejando escapar por debajo de la orla de ese vestido, doce ríos que corren a distancias iguales en dirección paralela, hasta que empiezan a inclinarse todos hacia un rumbo, y formando reunidos un canal navegable que se aventura en el corazón de la América. […]

Facundo Quiroga fue un gaucho de verdad. Tal vez otro día pueda hablarles de Segundo Sombra, uno de ficción, pero igualmente inolvidable y, con Martín Fierro, la santísima trinidad gauchesca. Pásenlo bien.

Ovidio

11 marzo, 2018 — Deja un comentario

Publicado en Málaga Hoy el viernes 9 de marzo de 2018.

Los clásicos de verdad.

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TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles 

OVIDIO

Para diversión a la grande, fantasía desbordada, intensidad poética y un lenguaje de belleza admirable, vayamos a los clásicos grecolatinos. A las intensas emociones estéticas que producen, se añade el íntimo sentimiento de recuperar la comunión con la herencia cultural que nos estaba destinada, pero de la que nos hemos arrancado hasta lo irreparable.

Hace poco escribí sobre Apuleyo y su El asno de oro, también conocido por Las Metamorfosis. Hoy hablaré de las otras Metamorfosis, las de Ovidio, encareciéndoles su lectura.

Nada más empezar nos instalamos en la tradición, pero aun pisando terreno conocido, Ovidio nos sorprende una y otra vez. Cuando, recurriendo a un clásico lugar común, describe las edades de la historia humana, oro, plata, bronce y hierro, sobre la última nos dice gravemente:

…madrastras preparan los pálidos acónitos (o sea, venenos); los hijos preguntan antes de tiempo por los años de su padre.

Terrible verso que me recordó estos otros de Borges:

por Frances Haslam, que pidió perdón a sus hijos
por morir tan despacio

En el poema de Ovidio hallaremos leyendas y fantasías que han llegado hasta nuestro presente, como la de  Licaón, quien cuando el tardío crepúsculo arrastraba la noche, se convirtió en lobo.

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Apolo y Dafne

Todas esas historias llegan envueltas en una poesía que nos apabulla con su belleza. El diluvio universal —featuring Deucalión en el papel de Noé— tuvo su causa en el Noto, furioso viento del sur, que:

…se lanza volando con sus alas humedecidas cubriendo su terrible rostro de negra oscuridad: tiene la barba cargada de nubes, mana agua de sus blancos cabellos, en la frente se asientas nubes y destilan rocío las alas y el pecho…

¡Ah, esa barba nubosa!, barba gravis nimbis. ¿Pero acaso no anticipa Ovidio, en estos otros versos, los miedos actuales por el derretimiento de los casquetes polares?

…y ya no había diferencia alguna entre el mar y la tierra:

todo era mar y al mar incluso faltaban las costas.

Las nefastas consecuencias de tal catástrofe no habrían de tardar:

…fulvos vehit unda leones, es decir: las olas arrastran a los rubios leones.

Las historias que nos cuenta Ovidio nos fascinan; nos dejan, literalmente, boquiabiertos: la tragedia de Filomela, violada por Tereo y convertida en ruiseñor, que T. S. Eliot también  cantó en La tierra baldía. La treta de Júpiter al convertir a su bella amada en una ternera, para protegerla de la cólera de la terrible Juno; la venganza de Cupido (¡qué dioses, aquellos!) contra Apolo, quien lo había afrentado, haciendo que su amor por Dafne no fuera correspondido:

de su saetífera aljaba sacó dos dardos de efectos diferentes:

el uno hace huir al amor, el otro lo produce;

Ya sabemos con qué flecha de su saetífera aljaba hirió Cupido a la huidiza Dafne y con cuál al ardoroso Apolo.

Sabremos, con palabras hechiceras, de la ninfa Eco; del bello Narciso; de Pitón, la terrible serpiente; del ambicioso joven Faetón, que quiso guiar el refulgente carro solar; de pastores trocados en fuentes y piratas que raptaron a Baco y mujeres que se hicieron culebras y de las lágrimas de Biblis, de las que nace un manantial.

No hay límite ni a la fantasía ni al caudal de nuestra tradición literaria ni a la divina hermosura de los versos de Ovidio ni a nuestro placer de lectores deslumbrados y agradecidos.

Ovidio