Archivos para Escritores

Si reconocemos al personaje después de tantas páginas, que son años, ¿no es también imaginable que el personaje nos reconozca a nosotros los lectores? ¡Qué halago!

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Como todo poseedor de una biblioteca, Aureliano se sabía culpable de no conocerla hasta el fin.

J. L. Borges, Los teólogos

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Cada dos años o así trasteo con mi biblioteca y hago como que la arreglo: algunos libros cambian de sitio, otros son directamente expurgados y otros cuantos, en fin, son gozosamente redescubiertos. Es un proceso lento y largo; a un autor no se lo cambia de sitio a la ligera, sin ponderar las razones ni sopesar las consecuencias; fusionar dos categorías en una sola (acaba de suceder con Idiomas y Lingüística) es una decisión grave, que ha requerido una sesuda reflexión.

Terminados los arreglos materiales de la biblioteca, hago también los necesarios cambios en la base de datos que, engañadamente, cree que la controla y la explica. Por fin, ya alegre por el simple contacto con los libros y los anaqueles, me entretengo con algunos juegos estadísticos y aritméticos.

Desde la última gran revisión, que fue en febrero de 2018, mi biblioteca ha crecido en 197 libros, que vienen a ser unos 8 al mes. A un promedio de, pongamos, 18 euros por libro, es una pasta.

En total son 3.179 libros. A precios de hoy son unos 60 mil del ala (¿todo eso me he gastado? REALLY?). Puestos en línea ocupan unos 80 metros de estantes, a ojo de buen cubero.

Así pues, tres mil ciento setenta y nueve.

Es un número decepcionante, la verdad. Tendría que haber ido a la librería para adquirir dos libros más, porque entonces sería un número primo, pero  3.179 no lo es, ni es un número de Fibonacci ni de Bell ni factorial ni perfecto ni poligonal. Es, pues, un numerito del montón, una cifrita de chichinabo, una caquita, a little turd of no consequence. Es lo que hay y hay que conformarse. Me cabe el consuelo de que el crecimiento en metros ha sido de 5, que sí es número primo y de Pell y de Bell y de Sierpinski  y, sobre todo, que es el único número en español que tiene tantas letras como el número que nombra. Del número 5 no cabe avergonzarse.

Los idiomas presentes en mi bliblioteca se distribuyen así:

  • Español: 57% (1.813 libros)
  • Inglés: 22% (694)
  • Francés: 7% (215)
  • Italiano: 4,5% (145)
  • Danés, alemán, neerlandés, portugés, latín, griego, rumano, catalán y japonés completan la lista.

Como tantas otras bibliotecas particulares, la mía está ordenada por categorias y, dentro de ellas, por orden alfabético de autores. Tengo establecidas 24 categorías y son demasiadas: con frecuencia me complican mucho las cosas a la hora de decidir cuál le cuadra mejor a cada nuevo libro. Para empezar acabo de unificar las categorías Idiomas y Lingüística en una sola, aunque mantengo Diccionarios como categoría independiente. Es probable que me decida también a eliminar la nutrida categoría de Ensayos, redistribuyéndola entre otras, principalmente Filosofía y Sociopolítica , y quizás también fusione Arte con Música y Gastronomía con Viajes. Estos cambios reducirían las categorías a 20. Siguen siendo muchas, pero no veo fácil reducirlas aún más. Hoy por hoy, las categorías más pobladas son estas:

  • Literatura: 1.918 libros (de los que 221 son de poesía)
  • Sociopolítica: 160
  • Crítica y teoría literaria: 158
  • Ensayo: 138
  • Filosofía: 135
  • Diccionarios: 93
  • Linguïstica: 78
  • Historia: 77
  • Hª de la literatura: 32
  • Hª de las ideas y Aviación: 35 cada una

En cuanto a autores, no hay grandes cambios desde mi reorganización anterior. Conrad y Simenon se llevan el oro, con 35 volúmenes cada uno (el que fueran prolíficos les ayuda, claro está). Así está la cosa:

  • Conrad y Simenon: 35
  • Tolstói: 28
  • Proust: 25
  • Balzac y Borges: 22
  • Jünger: 20
  • Joyce: 19
  • Asimov: 18
  • Cervantes y Paul Auster: 12
  • Dostoyevski: 17
  • H. Hesse: 14
  • Javier Marías: 13
  • Coetzee: 12
  • Dante, T. S. Eliot, Sandor Márai y Nabokov: 11
  • Chateaubriand, Leon Bloy, H. James, Thomas Mann, Mishima y Ted Hughes: 10

Esta lista contiene algunas particularidades. El gran número de volúmenes de algunos autores se debe a las dimensiones de su obra o a que tengo varias versiones de algúnas. Así, los 7 volúmenes de À la recherche du temps perdu se multiplican hasta 21, al tener dos traducciones, además del original. Algo parecido sucede con Joyce, de cuyo Ulises tengo dos ediciones inglesas y ocho traducciones a distintos idiomas, con Guerra y Paz (siete traducciones al español, inglés y francés) y con La divina comedia (original y tres traducciones), por citar solo los casos más conspicuos.

De Galdós hay 30 resignados volúmenes, lo que habría debido llevarlo al podio, pero es que los Episodios nacionales suman una veintena larga, por lo que ocupar un tercer puesto indicaría una estima por su obra mucho mayor de la que tengo.

Algunos autores de mi especial predilección se liberan de la servidumbre del orden alfabético y llegan a tener su propio estante, separado e independiente, que no comparten con ningún otro. En esta última reorganización, el poeta inglés Ted Hughes ha alcanzado ese honor, por lo que ya tiene un lugar en mi Olimpo particular, en compañía de Conrad, Joyce, Jünger, Márai, Simenon y Tolstói. Leon Bloy y Alfred Döblin están rozando esa gloria y tal vez la alcancen la próxima vez.

El estante Conrad

FIN

Publicado en El Mundo-Andalucía, el 5 de marzo de 2019.

Cuando la buena literatura evoca la mala política (a mi pesar).

2019_03_05_El tedio del prusés_ElMundo

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“Serotonina”, de Michel Houellebecq, es una novela bastante mejor de que que aparenta. Incluso sus muchas banalidades y venalidades tienen un secreto propósito y le dan su coloración particular.

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Publicado en Málaga Hoy el viernes 1 de junio de 2018.

En el fondo, toda novela muestra un proceso de descubrimiento de la verdadera faz del mundo y, como consecuencia fatal, un desencanto… o algo peor.

Derrotas insidiosas

Para quien pueda tener dificultad de lectura con la foto del artículo, aquí va el texto:

TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles

                                                             DERROTAS INSIDIOSAS

El asunto medular de toda novela es contar el paso de un estado de inocencia a otro de experiencia, o sea, de desconocer a reconocer el mundo como es y no como el protagonista quería que fuera. Eso, naturalmente, suena a derrota. Continuar leyendo…