¡Al rico exceso, oiga! Fresquito y barato.

18 agosto, 2014 — 1 Comentario

Limonov7Me puso sobre aviso, hace ya tiempo, el blog de Luis Ordóñez, y acabo de leer el libro: Limonov.

Empezaré despejando una duda que el propio L. Ordóñez apuntaba en su post. No, no estamos, ni mucho menos, ante una novela, aunque haya quien la tenga por tal. Aquí no hay la polifonía, la multitud de voces que caracteriza a la novela, por ejemplo; aquí sólo hay una voz, la del narrador, que, además, es el autor, Emmanuel Carrère, a quien no tenía el gusto. (Hay, sin embargo, un aspecto en el que la narración se aleja del rigor del reportaje y sí parece acercarse a la ficción novelesca: cuando el reportero decide tornarse autor omnisciente y, entrando en la cabeza de Limonov, nos cuenta lo que pensaba y cómo se sentía).

Comme à la guerre, dans les Balkans, il se sent bien. Calme, puissant, porté par les siens : a sa place.

Carrère, por cierto, con el pretexto de contarnos la vida de Eduard Limonov, se aprovecha para contarnos mucho de la suya, pero no hay por qué reprochárselo: lo lleva a cabo con una cierta gracia y logra hacernos creer que viene a cuento.

Estamos, pues, ante una estupenda pieza híbrida que zigzaguea entre las aguas, tirando a turbulentas, de la biografía, la autobiografía y el reportaje, en este caso «histórico-político-socio-costumbrista».

Al principio me pareció entrever un tono de periodismo gonzo, a lo Hunter S. Thompson, pero entendí pronto que no había tal. Demasiado francés, Carrère, para adoptar, sin que se le revienten las costuras, esa actitud sarcástica, de irreverente informalidad y de escasos modales que caracterian al espíritu gonzo. Las bad manners, la profanity, la obscenidad verbal, la mala leche vital, sólo se dan, en el texto de Carrère, entre comillas, por así decirlo, «por exigencias del guión», que decían nuestras actrices cuando empezaban a enseñar las tetas en las películas del famoso destape de hace unas décadas. No es que sea pudibundo, Carrère, y cuando hay que hablar de follar, de coños o de darse por el culo, se hace sin problemas. A fin de cuentas es de la vida de Limonov de lo que se habla: un follador, un enculador enculado, un me-cagüen-todo consumado, ¡el fundador del partido nacional-bolchevique!. No, no es pudibundo, Carrère; simplemente no es Hunter S. Thompson.

Pero el libro tiene un magnífico pulso narrativo y, efectivamente, se hace leer de un tirón. Tiene buena información de la historia reciente de Rusia, desde los últimos años de la URSS hasta la llegada de Putin al poder, y no es de extrañar, pues la madre de Carrère es una célebre especialista en Rusia y en sus cosas. (Yo conocí a Gorbachov en Valencia, hace ya más de veinte años, y departí con él, en la sola compañía del intérprete, cerca de una hora. La impresión que me causó es muy similar al retrato que, en passant, hace de él Emmanuel Carrère en este libro).

El autor nos explica la razón por la que decidió consagrarle un libro a Eduard Limomov (en realidad Eduard Veniamínovich Savenko): porque su vida, tan aventurera y extrema, no es sólo su vida, sino que nos cuenta cosas de nosotros mismos y de nuestra historia más reciente. Bueno, si lo dice el autor no se lo vamos a discutir. A lo mejor la razón verdadera es que se trata, sí, de una vida aventurera y extrema, una vida que estába pidiendo a gritos una novela o, al menos, una biografía novelada, aunque debo decir que en mi propia vida me ha tocado conocer a unos cuantos Limonovs, de modo que, por ese lado, mi fascinación, que ha existido durante la lectura, ha estado exenta de sorpresas: ha sido la fascinación de ver confirmada una cierta especie de locura, más que de descubrirla.

Limonov1

El Limonov que nos presenta Carrère, escritor maldito y político marginal, es un narcisista extremo al que nada lo detiene en la busca de la singularidad y de la heroicidad. Es, además, muy ruso, o al menos lo que un intelectual francés debe entender por tal: excesivo, vitalista, loco, ebrio, lascivo, mitómano, un centauro con torso europeo y cuartos traseros asiáticos, o al revés.

Tras un comienzo arrollador, el libro decae para remontar luego el vuelo, alcanzando un magnífico nivel narrativo y emocional en su última parte, donde se nos cuenta la prisión de Limonov y su lucha por preservar su entereza y la fidelidad a sus ideas y, más aún, a la forma de vida que eligió de joven y que ya nunca abandonó.

No sé cómo será la versión en español, aunque no se trata de un libro que ofrezca mayores dificultades para ser traducido.

Por lo que yo he leído, quien quiera emociones fuertes, se interese algo por la historia contemporánea y sea de admiración fácil, tendrá en ese libro una magnífica experiencia.

Limonov5 Limonov6

Una respuesta para ¡Al rico exceso, oiga! Fresquito y barato.

  1. 

    Una buena biografía, sí, señor. ¡Mil gracias por la recomendación! Y esa charleta con Gorbachov, bien valdría un post en el blog, ¿no?
    Besos.

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