Archivos para puntuación

Entre quienes nos dedicamos a escribir hay tres grupos:

  • Los que siguen puntillosa y escrupulosamente todas las normas ortográficas, tipográficas y de estilo.
  • Los que se las saltan porque las desconocen (y se niegan a conocerlas). Es un grupo despreciable.
  • Los que las conocemos, pero nos las saltamos cuando nos parece mejor hacerlo.

La novela de Javier María, Tomás Nevinson, ofrece un interesante ejemplo de esto último. Permítanme unos preámbulos.


Los signos de puntuación son un tesoro para los interesados en estas discusiones inacabables. Pero en literatura, además de sus funciones gramaticales, para mí tienen también una dimensión visual y estética que muy pocas veces se tiene en cuenta. A fin de cuentas son trazos, marcas, manchas sobre el papel que aparecen entre las letras o sobre ellas o por debajo de ellas o enmarcándola o separándolas. Un párrafo lleno de comas, por ejemplo, puede llegar a causar un impacto visual en el lector parecido al de una pared ametrallada o a un campo invadido por ortigas, algo hirsuto, espinoso y erizado de obstáculos.

Más aún lo sería una página llena de comillas, pues estas son más aparatosas que las discretas comas.

Disponemos, como sabe cualquiera, de tres tipos de comillas en español, las españolas («…»), también llamadas latinas y angulares, las inglesas (“…”) y las simples (‘…’).

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