Archivos para 30 November, 1999

Traducción de un poema de Conrad Aiken publicado en The New Yorker en 1942. Hago comentarios adicionales al final del poema.

Conrad Aiken, 1889 – 1973

Conrad Aiken, modernista influido por Freud. Concedió importancia al sonido, a la musicalidad y al ritmo -la méwtrica, la escansión del verso- así como a la rima.

En esto se parece a T. S. Eliot, de quien fue compañero de estudios en Harvard. Su modernismo literario es más lírico que el de su compañero, mientras que su simbología es más intima y personal, menos histórica y cultural que la de Eliot.

En la iglesia está rezando el monaguillo;

en el bar los camioneros juegan mus;

atardece y el poeta en el altillo

toca que toca el Habeas Corpus Blues.

Prefiere las teclas negras a las blancas,                

se teje una mortaja sencilla de armonías;                              

arde una casa enfrente; a esa luz viva                                         

hila mejor sus tenues ironías.

Florecen las ventanas con mil caras,                                     

pares de ojos, revuelo refulgente,                           ,

los motores retumban, por la escala                     

trepa un ángel, casco sobre la frente. 

Con hacha dorada rompe la ventana,                    

repta entre el humo y se pierde para siempre;                                

el techo se hunde, la ciudad espantada,

las ventanas… las caras… ¡Ah!, gritan, ¡detente!

Dan la hora las campanas en las torres,                

en el puerto una sirena aúlla su gemido,                             

al poeta le gusta; aros de bronce

y humo ascienden al cielo enfebrecido.

Cierran hidrantes, recogen la manguera;

ya no redoblan los motores sucios;

hallan al fin el cuerpo roto del bombero,

se apaga el fuego y llega el del seguro.

Y en la iglesia está rezando el monaguillo;

y en el bar los camioneros juegan mus;

y mientras tanto, el poeta en el altillo

sigue tocando el Habeas Corpus Blues.

In the cathedral the acolytes are praying;

in the tavern the teamsters are drinking booze;

in his attic at dusk the poet is playing,

the poet is playing the Habeas Corpus Blues.

The poet prefers the black keys to the white,

he weaves himself a shroud of simple harmonics;

across the street a house burns; in its light

he skeins more skilfully his bland ironics.

All down the block the windows bloom with faces,

the paired eyes glisten in the turning glare;

and the engines throb, and up the ladder races

an angel, with a helmet on his hair.

He breaks the window in with a golden axe,

crawls though the smoke, and disappears forever;

the roof slumps in, and the whole city shakes,

the faces at the windows say Ah! and Never!

And then the hour; and near and far are striking

the belfry clocks; and from the harbour mourn

the tugboat whistles, much to the poet’s liking,

smoke rings of bronze to the fevered heavens borne.

And the hydrants are turned off, the hose rewound;

no longer now are the dirty engines drumming;

the fireman’s broken body at last is found,

the fire is out, the insurance man is coming.

And in the cathedral the acolytes are praying,

and in the tavern the teamsters are drinking booze;

while, in his attic, the poet is still playing,

the poet is playing the Habeas Corpus Blues.

NOTAS ADICIONALES

Me topo, aquí en Dinamarca -los campos nevados detrás de los cristales-, con este hipnótico poema de Conrad Aiken. Su poesía, modernista, suele prestar atención a las rimas y al ritmo, a la métrica. La musicalidad poética es importante para Aiken y en este poema —ya nos lo avisa el título— más aún.

Lo voy leyendo sin poder evitar que por detrás vaya sonando en mi cabeza la voz de Muddy Waters, no quizás en The Hoochie Coochie Man (El fanfarrón irresistible), sino más bien en la espectacular Mannish Boy (Muchacho varonil).

El reto de la traducción me arrebata de inmediato, porque aquí, no traducir con rimas y con una disciplina métrica (no totalmente rígida, hay una cierta ductulidad en el poema) sería una traición imperdonable a la voluntad del poeta y a los derechos del lector.

Por eso, en esta traducción (véanla como work in progress), mantener rimas y ritmo han sido una premisa a la que se han supeditado otras cosas. Al no ser un genio, no he podido librarme de pagar las tasas de sujetarme a esos límites.

Algunas consideraciones “técnicas”:

Segundo verso, primer problemón:

No puedo mantener la rima booze/blues, y como blues hay que mantenerlo, dejo de lado las bebidas alcohólicas y hago que los camioneros jueguen al mus. Mus/blues. Me congratulo por mi ingenio, pero enseguida me maldigo, porque no es peccata minuta cambiar el trinqui por los naipes, pero llevar el mus a donde lo que se juega es póker es ya delictuoso. ¡Menuda transculturación! Pero si hacerlo me lacera, más me laceraría olvidarme de esa rima INAUGURAL y decir que los camioneros beben alcohol (o juegan al póker) y el poeta toca el blues. (“Los camioneros conducen el autobús” tampoco podía ser. ¡Un mínimo de dignidad y contención, señores!). Al final decido que el lector entenderá.

2º verso de la segunda estrofa. Dudo un ratito sobre shroud. Lo primero que se me viene a la cabeza es “sudario”, pero pronto tuerzo el gesto. Demasiado fino, demasiado high brow, demasiado bíblico (el sudario de Cristo), y no tardo en decantarme por “mortaja”. Más tosco, más popular, más recio. Sí, mortaja le sienta mejor a un poeta en un altillo, a camioneros en garitos, es más de barrios donde los vecinos se agolpan curiosos contra los cristales de las ventanas. Además, con mortaja funciona mejor, más fuerte, el contraste con simple harmonics (armónicos sencillos).

Por cierto, no respeté la elección de Aiken de usar harmonics para luego colar ironics. Podría haber traducido “armónicos” e “irónicos”, pero me pareció un forzamiento innecesario, pues crea una ambigüedad a la que el lector anglohablante no tiene que enfrentarse. A saber, mientras que irónicos es un adjetivo en español, pero en el verso funciona como sustantivo, en inglés no cabe la duda, pues el adjetivo es ironic y el sustantivo, irony. Es decir: el lector anglohablante sabe enseguida que ironics es un neologismo, usado con ánimo lúdico para rimarlo con harmonics, y no un adjetivo con un plural que no podría existir. Un lío. Y traducir “armonías” e “ironías” deshacía el lío sin mayor pérdida.

Las estrofas 4ª y 5ª, la del bombero/ángel que repta en la humareda y la del remolcador (tugboat) estentóreo han sido un verdadero dolor de cabeza. Ojalá no desaprueben con demasiada virulencia mis elecciones.

Yo sigo con la imagen del poeta/músico solipsista encerrado en su ático, ajeno al horror del incendio de enfrente, o, a lo sumo, usándolo con irónico y ausente distanciamiento para su propia inspiración.

Sí, sin duda, el modernismo de Aiken es más lírico, más emocional y menos cultural e histórico que el de su compañero de pupitre —en Harvard, ¡cuidao!— su coleguita T. S. Eliot.

Mi traducción de un breve poema de Isabella Gardner, publicado en The New Yorker en 1952, seguido de algunas notas sobre el texto y la traducción.

Mujer menuda y vaciada, aquí yaces mil años muerta,

las manos sobre tu exhausto bajo vientre, en tu lecho final yerta,

los dientes sobresalen en tu rostro desvendado, tus huesos especiados, negros, secos.

¿Quién te conoció y besó y cuidó y lloró tu muerte?

¿Moriste joven? ¿Hubo en ti gracia? Risus sardónicus por respuesta.

Entonces, velozmente, cogí la mano de mi esposo, mientras él contemplaba a su novia.

Isabella Gardner, 1915-1981

Notas «técnicas»:

La voz poética se encuentra frente a una momia en un museo.

Predomina en primera instancia la degradación física: diminished loins. Polisémico «loins», siempre difícil de llevar al español, por sus connotaciones a la vez anatómicas y sexuales, incluso lúbricas. ¿Cómo no acordarse del arranque de Lolita, de Nabokov, con ese inolvidable Lolita, light of my life, fire of my loins… traducido normalmente como fuego de mis entrañas. Y sí, entrañas está bien, aunque se pierde algo del erotismo que Nabokov quiere inyectarle a la novela desde la primera página y que logra, precisamente, con ese fuego que igual podría ser del bajo vientre, de las ingles… Loins es también ijares, pero no aquí

La degradación física que llega con la muerte se refuerza con los jutting teeth, los dientes que sobresalen.

Las imágenes funéreas se acentúan con los spiced bones. Para un anglohablante, ese spiced remite con facilidad al ámbito de la preparación de los cadáveres, a las labores de embalsamamiento, cosa que no sucede en español; entre nosotros, esas imagenes van más asociadas a palabras como bálsamos, ungüentos, mirra, aceites… mientras que las especias se reservan más para lo culinario. La duda para el traductor estaba, pues, servida. Al final opté por el literal especiados, porque juzgué bueno aprovechar la oportunidad para asegurar un cierto distanciamiento en el lenguaje, un grado algo mayos de extrañamiento, cosa que con especiados se consigue mejor que con, por ejemplo, huesos embalsamados (además de que la autora habría podido usar embalmed y no lo hizo).

Por cierto, además de recordar a Nabokov, este poema evoca, inevitablemente, a T. S. Eliot en dos ocasiones al menos. La primera con el final del primer verso, a thousand years dead, que en la parte 4 de La tierra baldía de Eliot dice Phlebas the Phoenician, a fortnight dead. La segunda con la espectacular imagen en The Love Song of J. Alfred Prufrock: Like a patient etherized upon a table. ¡Poesía llama a poesía!

Gardner rima, con ironía, con acierto, con sentido. Dead/bed/head, dried/died/replied/bride. He guardado la rima en los dos primeros versos nada más (muerta/yerta). Intentar reproducirlas todas habría supuesto perder otras muchas cosas en el camino. Una pena. Ya lo avisó el gran poeta Robert Frost: «La poesía es lo que se pierde en la traducción».

Y ese Died you young?, con sintaxis arcaizante, en vez del cotidiano Did you die young?¿Qué hacer con él? He preferido dar el toque arcaizante y hasta un poco bíblico en la oración que sigue, con el buscadamente extraño ¿Hubo en ti gracia?

Otra pequeña dificultad para el traductor, la polisemia de bride, que acota los significados tanto de novia como de esposa, pues pueden ser ambas, pero sólo en el corto espacio del día de la boda y, como mucho, la víspera, es decir, la mujer recién casada o a punto de casarse. En inglés, una mujer no es bride durante años, sino uno o dos días como mucho. En español, la novia lo es desde el inicio de la relación hasta que se casa, y esposa desde que se casa hasta que dure la cosa, incluyendo en ambos casos el día de la boda. En inglés, si se dice bride se sabe enseguida que se trata de la recién casada o de la novia ante el altar, pero en español hay que adivinar, y en este poema el contexto complica la adivinanza, pero nos apañamos con novia y el que venga detrás que arree. Es verdad que tenemos la palabra desposado/a, que significa, precisamente, recién casado, pero habría trastocado demasiado el tono del verso, aparte de que se trata de una voz muy desusada, lo que no es el caso con bride, por lo que habría sido una traición al original, a causa, precisamente, de querer pegarse demasiado a él.

Y por fin, el poema nos pone ante temas eternos, claro: la fragilidad de la vida, la mortalidad… pero también la soledad, la muerte, no sólo del cuerpo, sino del amor. Porque cuando el marido «contempla a su novia», ¿a quién contempla? No a su mujer, que acaba de agarrarle la mano, sino a la momia. ¿Ve en ella a su mujer cuando muera? ¿Anticipa?

Lo que ustedes vean, bien visto estará.

Este sencillo y sentido poema, escrito en 1977, lo leí en el libro A Century of Poetry in the New Yoker 1925-2025, editado por Kevin Young.

Se lo dejo aquí, debajo de mi traducción.

Gary Soto

Cuando la niebla

llega a tocar las hierbas

y el cielo

es del color

de viejas sábanas,

Molina y yo,

en cuclillas bajo un roble

en un banco de raíces,

quemamos papeles

y hojas

para calentarnos.

Nos soplamos

en las manos

y el blanco

que sale

fluye hacia lo alto

a donde no

llega el calor.

Nos brillan los ojos

ante el fuego.

Y dice Molina

los gorriones,

en este árbol,

los pequeñitos,

encuentran su paraíso

donde cielo

y tierra se tocan.

Días y días

se encararán

al frío

hasta que el frío

se haga lo oscuro

que atraviesa

sus ojos.

Sabrán

del sur

cuando masas

de humo avancen

contra el viento

y los campos

se lleven

mil años de lluvias.

THE LITTLE ONES

When fog

Stands weed-high

And sky

Is the color

Of old bedsheets,

Molina and I

Squat under an oak

On a bench of roots,

Burning paper

And leaves

To keep warm.

We blow into

Our hands

And the white

That comes out

Drifts upward

Where heat

Does not reach.

Our eyes glow

Before the fire.

And Molina says

The sparrows

In this tree

The little ones,

Find their heaven

Where the sky

Meets the earth.

For days

They will point

Far into coldness

Until that cold

Becomes the dark

Blowing across

Their eyes

They will know

The south

When a bundle

Of smoke moves

Against the wind

And fields

Lift the rains

Of a thousand years.

Artículo publicado en El Español, el 29 de abril de 2023. https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20230429/celine-odiador-odiado/759794019_12.html

¿Debe uno privarse de leer a Céline porque
fue un antisemita despreciable y un
ser humano lleno de odio?

En mayo del año pasado, Gallimard publicó Guerre, de Céline, cuyo manuscrito había aparecido rocambolescamente tras décadas de ocultamiento. Un año después, en marzo de este año, Anagrama publica la encomiable traducción de Emilio Manzano, a cuya calidad intrínseca se suma el mérito de haber lidiado con la dificultad de traducir a Céline, cuya convulsa naturalidad convierte su erizada y formidable prosa en tortura para un traductor serio.

Han aparecido más manuscritos, que el editor irá publicando con calculada dosificación comercial. Cuando no es Houellebecq es Céline: la industria editorial francesa hace sus renovados agostos gracias a sus inmensos escritores escandalosos, y cuando no puede fabricar su suerte, se la encuentra. La industria editorial francesa lleva una gran flor en el ojal más recóndito.

Las 136 páginas de Guerra son una sacudida, una agresión al lector, como las demás novelas del doctor Destouches, nombre verdadero del autor, célebre y denostado.

Céline escribió esta novela, cuya acción transcurre durante la Primera Guerra Mundial, en 1934, o sea, dos años después de que apareciera su fulgurante Viaje al fin de la noche, que lo encumbró. Es un vitriólico alegato contra la guerra y sus horrores, pero el odio que Céline siente por la guerra va mucho más allá: odia todo lo que ha permitido que estallara la guerra, y eso, claro, acaba siendo un extensísimo catálogo de culpables, a poco que se tire del hilo: los estados, los gobiernos, las familias, la sociedad entera y, al cabo, la especie humana en su totalidad.

«Nunca he visto u oído nada más asqueroso que mi padre y mi madre».

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Ética oceánica

13 octubre, 2022 — Deja un comentario

Las tempestades en las novelas de Conrad no son atmosféricas, sino éticas.
Por eso amedrantan. Por eso hay que leerlas.

Artículo publicado en The Objective el 15 de septiembre de 2022. https://theobjective.com/cultura/2022-09-15/conrad-etica-oceanica/

Featuring: Joseph Conrad, Iris Murdoch, T. S. Eliot y la izquierda pueril.

Conrad (Józef Teodor Konrad Korzeniowski), el noble polaco que aprendió inglés tardíamente, nació en 1857, murió en 1924 y navegó como oficial y después como capitán de barco en la marina mercante británica. No sabría decirles, por miedo a hacerle entuerto, si fue un marino que escribía o un escritor que navegaba.

Jospeh Conrad

Los grandes escritores hacen su literatura para superar el carácter caótico del mundo, imponiendo formas a lo que de otro modo sólo serían restos sin sentido. La idea es de Iris Murdoch,que parece reformular el verso de Eliot: «Con estos fragmentos apuntalé mis ruinas».

Hay relación entre forma y ética. Se puede vencer la ausencia de sentido, de valor de un material, imponiéndole una forma. Hablo de materiales vitales, biográficos, que son la materia prima de las novelas.

La línea de sombra es una novela corta de Joseph Conrad que ejemplifica eso con una brillantez apabullante y por eso digo que leer a Conrad debería formar parte de la educación obligatoria. Su literatura es moral y formativa. Sus historias dan temple, si se las lee con la generosidad y la apertura mental propias de los lectores listos y decentes. Los obtusos, indecentes y feos por el mero hecho de serlo, viven en su rencoroso mundo aparte y sólo interesan a los psiquiatras.

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