En las novelas del siglo XX aprendimos a enjugazarnos con la ruptura de la cronología.

La historia se fragmentaba (¡el cine, el cine!) y se agitaba con saltos adelante y atrás, flash backs y flash forwards, analepsis y prolepsis, a veces elegantes y otras tan solo pura histeria desmadejada, y a la narratología estructuralista la boca se le hacía agua (y a muchos de nosotros también) viendo estos malabarismos con la temporalidad de la historia. Sobre ello tenemos páginas y páginas de los Greimas, los Genette, las Bal y demás sesuda compañía.

Nada que objetar. El estructuralismo, aunque superado, hizo época y nos enseñó muchas cosas… casi tantas como las que ignoró con culpable desenfado, (como dónde está el arte en la literatura, diremos, ¡como si fuese una minucia!).

Pero yo estoy con Monika Fludernik cuando, con sencillez desarmante, nos hace ver que en realidad todo ese barajar la cronología en una narración no hace sino aumentar su carácter estático (lo contrario de lo que suele buscarse con ello), pues obliga a tener a la vista, y simultáneamente, todas las partes de la historia antes de poder establecer la cronología de la fábula. (Y sí… estoy usando terminología estructuralista… su influencia continúa… quod erat demonstrandum).

No es la temporalidad per se lo que hace la ‘narrativa’, y si lo es, lo es solo cuando se refiere al acto, al proceso de leer, que rellena, completa y, en definitiva, crea.

James Joyce in 1888 at age six. Possibly in Br...

James Joyce in 1888 at age six. Possibly in Bray, a seaside resort south of Dublin. The Joyces lived there from 1887 to 1892. (Photo credit: Wikipedia)

El celebérrimo personaje de Joyce, Stephen Dedalus, en el capítulo Escila y Caribdis del Ulises, divaga con sarcasmo (y no sin impostura) sobre la paternidad. A father is a necessary evil. Recurriendo al viejo tópico, contrapone la paternidad al Amor matris, que bien podría ser «lo único verdadero en la vida». «Una ficción legal», dice de la paternidad. ¿Qué une al padre y al hijo?: «Un instante de ciega lujuria», aunque Dedalus (no Joyce, que no es lo mismo el narrador que el autor) es más animalesco y usa rut (celo, estro… o cachondez, más a las bravas).

Yo iba más por la cosa unamuniana, y mis momentos de blind rut procreadora,  estaban precedidos de cavilaciones sobre la inmortalidad.

En cualquier caso, los que no tienen hijos ¿son muertos biológicos?

La lectura (1)

12 marzo, 2013 — Deja un comentario
Română: Nicolae Vermont - Lectura, ulei pe car...

Română: Nicolae Vermont – Lectura, ulei pe carton, 45×34 cm, semnat și datat dreapta jos, cu roșu, N. Vermont, (19)19. (Photo credit: Wikipedia)

de mi Cuaderno de notas n. 7 (2013)

Me interesa cada vez más (pero será algo temporal, supongo) la fisiología de la lectura, o sea, del acto de leer.

La lectura no es un relajo, es una erupción, y con frecuencia una ascesis. Necesita una educación y tal vez también una predisposición a los estados contemplativos. La literatura recaba de sus lectores esa actitud. (La «literatura» pide «lectura». Luego está lo demás).

Fisiología de la lectura. Aún pendiente, aguardando en la mesilla de noche, «El acto de leer» de Wolfgang Iser, que lleva años (debe entenderse literalmente) esperando turno. ¡Oprobio, oprobio!

  • La idea de Roland Barthes de «textos de placer» frente a «textos de gozo»… habría que indagar que secreta relación tiene con todo esto.

Publicado en : «La Opinión de Málaga», el 15 de julio de 2011

Las malas noticias no nos dan tregua últimamente. Es una pena. Son tantas ya, y se suceden en lacerante cascada desde hace tanto tiempo, que solo los superhombres o los optimistas patológicos logran sobreponerse. Los demás vamos viendo con una aturdida mezcla de estupor y espanto como crece el mefítico cenagal en que se ha convertido el país.

La arrasadora crisis económica ­­es sin duda la tragedia más perentoria y la que más dolor les trae a tantos compatriotas nuestros que ni tienen trabajo, ni esperanzas de hallarlo. Pero no es lo peor. La crisis política y del Estado y la crisis moral de la sociedad son en realidad más graves porque, impidiéndonos mirar hacia al futuro, nos encierran en este pútrido presente en el que estamos metidos. Continuar leyendo…