Archivos para Creación literaria

Publicado en Málaga Hoy el viernes 18 de mayo de 2018.

Si alguien merece ser llamado EL NOVELISTA, con mayúsculas y sin tapujos, es él: Balzac.

2018_05_11_El gran Honorato

Para quien pueda tener dificultad de lectura con la foto del artículo, aquí va el texto:

 

TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles

EL GRAN HONORATO

Honoré de Balzac es uno de los escritores verdaderamente grandes y la novela es inconcebible sin él. Su enormidad literaria le debe mucho a su capacidad de hacer novelas de arte con sus novelas realistas, de demostrar que ambas cosas son compatibles, aunque a veces se las haya tenido por excluyentes. El arte, en las novelas de Balzac, no está en la prosa, sino en la organización de la trama, la arquitectura del relato, la definición de personajes y la prodigiosa capacidad de observación de la vida.

 

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Balzac

Es difícil hacer arte con historias que prestan tanta atención al estado de las rentas y saldos bancarios de sus personajes, pero Balzac lo hace.

En El arte de la ficción, el novelista James Salter subraya cuánto lo impresiona la eficacia de los detalles en los que Balzac se regodea en su Papá Goriot:

Cada detalle de esa pensión, cada habitación y sus muebles, cada ocupante están magistralmente descritos, y mediante esos detalles Balzac subrayaba que TODO ESTO ES VERDAD […] pilas de platos en pegajosos aparadores y servilletas de los huéspedes manchadas de vino atrapadas en una caja. La mesa cubierta con un mantel grasiento… Antes de Balzac los escritores omitían —por groseros o sin interés— los detalles de la vida cotidiana, que el recopila con tanta voracidad y utiliza como parte esencial de la verdad, de la realidad…

Tengo libretas llenas de notas con cosas de Balzac. En La prima Bette, una de sus mejores novelas y que recomiendo con entusiasmo, el genio de Balzac salta como una chispa en observaciones —entre la ironía, la crueldad y la admiración— como esta:

…con cuarenta y siete años cumplidos, la baronesa podía aún ser preferida a su hija por los admiradores de las puestas de sol…

Aunque tal vez el sarcasmo resultara más evidente si tradujese las puestas de sol por ocasos o crepúsculos, pero él escribió couchers de soleil y no hay por qué ensañarse.

En esa novela Balzac reflexiona sobre su propio arte y, a propósito de uno de sus personajes, señala la gran distancia del dicho al hecho:

Wenceslao, poeta y soñador de nacimiento, había pasado de la Concepción a la Ejecución atravesando, sin medirlos, los abismos que separan estos dos hemisferios del Arte. Pensar, soñar, concebir bellas obras es una ocupación deliciosa. Es como fumar cigarros encantados, llevar una vida de cortesana entregada a sus fantasías […] ¡Pero producir! ¡Pero dar a luz! ¡Pero educar trabajosamente al niño, acostarlo ahíto de leche cada noche, darle un beso cada mañana…!

Quiero terminar con un fragmento de otra de sus grandes novelas, Las ilusiones perdidas, que habla por sí solo de cómo miraba Balzac la vida en torno a él:

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El orgullo que no se refina con el trato del gran mundo se transforma en rigidez que se apega a simples pequeñeces […] Madame de Bargeton tomaba la lira a propósito de cualquier bagatela, sin distinguir las poesías personales de las públicas. Hay, en efecto, ciertas sensaciones incomprendidas que hay que guardarse para sí. Verdad es que una puesta de sol es un gran poema, pero una mujer ¿no es acaso ridícula al describirla con frases enfáticas ante un público de gentes prosaicas? […] Prodigaba demasiado unos superlativos que volvía pesada su conversación…

 

Y remata con esta genialidad:

Por otra parte, su espíritu se inflamaba tanto como su lenguaje. Tenía el ditirambo en el corazón y en los labios.

Balzac: un gran maestro.

Silencio

28 abril, 2018 — Deja un comentario

Publicado en Málaga Hoy el viernes 27 de abril de 2018.

¿Cómo es el silencio en la novela?.

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Para quien pueda tener dificultad de lectura con la foto del artículo, aquí va el texto:

 

TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles

SILENCIO

El silencio es tan música como el sonido. ¿Y en literatura, que se construye con el lenguaje, o sea, con sonidos?

En una partitura, el intérprete ve el silencio mediante signos que le dicen cuándo lo hay y cuánto dura. ¿Cómo hacerlo en la novela? ¿Con una nueva puntuación? ¿Dejando espacios en blanco entre el texto? ¿Ralentizando la narración hasta el límite, hasta que casi se detenga la respiración del lector? ¿Con onomatopeyas silentes?

En música el compositor impone los silencios al oyente, pero en la novela el intérprete es el lector, quien también crea silencios cuando, por ejemplo, detiene la lectura para pensar. Pero estos silencios forman parte de la novela de forma sinuosa y vicaria: no todo lector detiene la lectura en el los mismos puntos ni por el mismo tiempo.

Que el texto diga Se hizo un gran silencio es contradictorio: en el mismo acto de nombrarlo, el silencio se esfuma. Pese a ello, es recurrente en los escritores describir el silencio mediante sonidos, esos sonidos pequeños, subliminales, que denuncian su presencia. En El Misántropo, un cuento que escribí hace años, se lee:

Durante horas permanecía sentado, con la escopeta cargada y a mano, en completo silencio, aguzando el oído casi hasta el dolor, intentando discernir cualquier ruido que no fuera causado por el viento o los árboles o las hojas o la lluvia o los pájaros o las ardillas o los truenos. […] Aumentaba aún más mis precauciones antes de dormir, si es que se le puede llamar dormir a mi incesante agitación en la cama, incorporándome cada minuto ante cualquier atisbo de ruido o crujir de las maderas.

Ojalá que la pertinencia del fragmento, como ilustración de lo que digo, disculpe la inelegancia de la autocita.

El silencio en la novela funciona de dos modos: como forma, es decir, como elemento rítmico y sonoro, y como función, o sea, como elemento semántico que, al callar cosas en la trama o amordazar a un personaje, produce significados.

Salman Rushdie nos da un interesante ejemplo de la expresión del silencio que es, a la vez, forma y función:

Ismail Ibrahim dijo: «Se trata de un caso de tentativa de suicidio». Y la opinión pública: «?????????»

El silencio es esencial en la novela modernista. Patricia Ondek lo estudió a fondo en el caso de Virginia Woolf, e incluso lo tipificó, distinguiendo en ella lo no dicho —lo que alguien siente pero no dice—, lo no hablado —algo no formulado aún con palabras— y lo inefable —lo que no puede o no debe decirse.

El problema de ponerle palabras lo inefable es muy viejo. Esto decía San Agustín:

¿Hemos dicho o enunciado algo valioso sobre Dios? Creo, más bien, que no, pero deseo hacerlo: y si he hablado, no he dicho lo que quería decir… Y ni siquiera podemos llamar inefable a Dios, porque ya sólo decir eso es hablar de Él.

Del silencio se ha dicho y no se ha dicho tanto y tan poco en las novelas. Silencios explícitos, como cuando Marlow describe en El corazón de las tinieblas:

Un gran silencio, una selva impenetrable.

Y silencios tácitos, de cuya existencia sabemos por mera inferencia, como sabemos de la existencia de algunos cuerpos celestes invisibles por su influencia en las órbitas de otros. Cuando lean su próxima novela, intenten descubrir si hay o no silencio, y si lo hay, cómo se manifiesta y cómo ustedes mismos son capaces de crearlo, manejando su tempo de lectura.

Ralph Waldo Emerson nos deja un pensierino carino, por decirlo a la italiana, con el que terminar:

Quedémonos en silencio para oír los susurros de los dioses.

El 12 de abril de 2018 organicé, con la ayuda de cuatro amigos y compañeros literatos (y afines), una jornada de celebración de La tierra baldía, de T. S. Eliot. Durante el mismo expuse unas ideas sobre el poema y presenté mi traducción —¡por fin terminada!— del mismo.

La traducción, con un prólogo de José Antonio Montano, se publicará en breve.

Aquí está mi intervención y la lectura de unos fragmentos de la traducción.

Y aquí está la grabación del acto completo.

Finalmente, aquí pueden ver el montaje que preparé con la recitación del poema entero, en inglés, al que le añadimos la sobreimpresión del texto, verso a verso, también en inglés, para facilitar su visionado.

Ojalá lo disfruten.

 

El misántropo

26 noviembre, 2017 — Deja un comentario

Escudriñando viejas carpetas se me apareció este cuentito amable, producto quién sabe de qué humores o de qué indignaciones.   

Tiempo de lectura: ± 5 minutos.

AAAA        

EL MISÁNTROPO

por Sanz Irles

© 2009. Luis Sanz Irles. Todos los derechos reservados.

 

Me llamo Eduardo Andrade y quiero dar algunas explicaciones.

Apenas cumplidos los cincuenta, tras una vida desahogada con muchos éxitos profesionales y mundanos, decidí darle un vuelco a mi existencia, vendí mi lujoso ático y abandoné la ciudad, buscando refugio en el paraje más recóndito que pude encontrar.

Sé por qué lo hice.

Se había despertado en mí una inquietud espiritual y un deseo de ascesis, producto de la edad y del reencuentro con autores que en mi juventud no alcancé a comprender del todo, pero que ahora me abrían gozosos caminos por los que ansiaba adentrarme.

AAABBBEmpero, la razón principal de mi decisión no tenía que ver con la literatura sino con mi ensoberbecido carácter. El género humano se me hacía cada vez más insoportable y, con pocas excepciones, la gente me parecía ignorante y lerda, a menudo despreciable, y en cualquier caso indigna de mi atención. No podía compartir nada con ella, ni sus gustos, deleznables, ni sus intereses, mezquinos, ni sus preocupaciones, grotescas. Mis paseos por las atestadas calles se habían convertido en suplicios, al tener que soportar esa multitud de rostros obtusos, ese guirigay de voces destempladas, ese lenguaje mostrenco y esa asfixiante marea de ignorancia atrevida y lenguaraz.

Deben creerme: me recriminaba ese altivo y reprobable desdén, y me esforcé muchas veces en mirar a mis semejantes con ojos comprensivos y fraternos, para descubrir debajo de su zafiedad valores y virtudes que sin duda, me repetía, debían de poseer y que los harían acreedores de mi respeto. Pero era inútil: a todos les deseaba lo mejor con tal de que se mantuvieran lejos de mí, donde no tuviera que soportarlos. Llegó un punto en el que la vulgaridad del mundo se me hizo insufrible y me llevó a la decisión de apartarme de la ciénaga, de la masa vociferante que, hija de los tiempos y los bajos instintos, reclama todos los derechos, rehúye los deberes y se insolenta con los espíritus elevados. Y como siempre he sido de decisiones rápidas, no tardé en encontrar lo que buscaba: un refugio de montaña de buena factura, en la parte más alta de un frío valle, en una comarca remota y vacía. Continuar leyendo…

Entonces dijo Gangleri

19 noviembre, 2017 — 1 Comentario

Publicado en Málaga Hoy el viernes 17 de noviembre de 2017.

Hay muchas formas de fragmentar los textos literarios: cantos, partes, volúmenes, estrofas. La novela escogió los capítulos como forma preferente de fragmentación. Pero ¿por qué se trocean las historias? ¿Hay una finalidad estética o narrativa además de la meramente funcional de facilitarle la vida al lector (y al novelista)?

La poética del capítulo es relativamente nueva. La lectura de La Voie aux châpitres, del canadiense Ugo Dionne, uno de los fundadores de la nueva disciplina, me llevó a llamar su atención sobre este asunto en mi brevería de cada viernes.

2017_11_17_Entonces dijo GangleriPara quien pueda tener dificultad de lectura con la foto del artículo, aquí va el texto: 

TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles

ENTONCES DIJO GANGLERI

Acabo de leer las Memorias póstumas de Brás Cubas, de Machado de Assis, novela hecha de capítulos cortos.

A vueltas con los capítulos cortos recordé La alucinación de Gylfi, de Snorri Sturluson, tan amado por Borges. Rehojeé mi coqueta edición, leída hace tantos años, y ahí estaban, en efecto, esos cortos y brumosos fragmentos, muchos de los cuales empiezan con una fórmula que nunca he olvidado: Entonces dijo Gangleri.

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Gangleri, el Caminante, uno de los nombre de Odín

La fragmentación en capítulos es cómoda para los lectores y más aún para los novelistas, que con ella quedan dispensados de conseguir el continuum de la trama, algo que se corresponde más con la realidad que con la ficción. Eso, claro, no significa que construir una novela-mosaico con teselas, en vez de una novela-mastaba con grandes bloques (a lo Proust), sea tarea fácil. Es difícil, pero menos laborioso. Cuando los capítulos son largos, muchos novelistas recurren a la trampichuela de la fragmentación interior, mediante el doble espacio interlinear o el socorrido asterisco. Continuar leyendo…