Archivos para 30 November, 1999

ulysses

Escribía ayer sobre algunos de los arranques de libros que más me han impresionado.

¿Cómo pude olvidarme del inolvidable primer párrafo del Ulises de Joyce, que anidó en mi cabeza hace ya muchos años y jamás ha querido migrar a otros terruños?

Aquí está:

Stately, plump Buck Mulligan came from the stairhead, bearing a bowl of lather on which a mirror and a razor lay crossed. A yellow dressinggown, ungirdled, was sustained gently behind him on the mild morning air. He held the bowl aloft and intoned:
-Introibo ad altare Dei.

En la que es mi traducción al español preferida, la de José María Valverde, leemos:

«Solemne, el rollizo Buck Mulligan avanzó desde la salida de la escalera, llevando un cuenco de espuma de jabón, y encima, cruzados, un espejo y una navaja. La suave brisa de la mañana le sostenía levemente en alto, detrás de él, la bata amarilla, desceñida. Elevó en el aire el cuenco y entonó:
—Introibo ad altare Dei.»

García Tortosa (cuya traducción está más próxima a la francesa de Valery Larbaud -«Majestueux et dodu»-, y por eso nos cuela un «majestuoso» que apunta más a cualidades morales que a rasgos físicos, con lo que traiciona las intenciones de Joyce, o así me lo parece), propone esto:

«Majestuoso, el orondo Buck Mulligan llegó por el hueco de la escalera, portando un cuenco lleno de espuma sobre el que un espejo y una navaja de afeitar se cruzaban. Un batín amarillo, desatado, se ondulaba delicadamente a su espalda en el aire apacible de la mañana. Elevó el cuenco y entonó:
—Introibo ad altare Dei.»

Por su parte, Salas Subirat traduce así:

«Imponente, el rollizo Buck Mulligan apareció en lo alto de la escalera, con una bacía desbordante de espuma, sobre la cual traía, cruzados, un espejo y una navaja. La suave brisa de la mañana hacía flotar con gracia la bata amarilla desprendida. Levantó la bacía y entonó:
—Introibo ad altare Dei.»

Nada mal, aunque nos presenta una «bacía», en lugar de un cuenco, como queriendo colarnos de rondón un toque cervantino algo gratuito.

Stately, plump Buck Mulligan…

Cuatro palabras de sonoridad inolvidable que abren la puerta a uno de esos pocos libros (difícil, sí, ¿y qué?) que han cambiado el curso de la literatura.

Creo que fue Cioran quien dijo una verdad aterradora: que después de haber leído el Ulises de Joyce, es difícil encontrar novelas que no se te caigan de las manos.

Traguemos saliva (los novelistas).

N.B. He aquí un muy interesante enlace: http://www.novelas.rodriguezalvarez.com/pdfs/Joyce,%20James%20»Ulysses»-Fr-En-Sp-Sp-Sp-Notas.pdf

Me ha llamado la atención que haga referencia a la traducción de Larbaud, que conocía de hace años. Y me ha descubierto una que no conocía, la de García Tortosa. Le debo mi comentario al respecto, porque estoy de acuerdo con la anotación sobre el adjetivo «majestuoso». Un magnífico trabajo, el de Julián Rodríguez Álvarez en esta página.

Me gustaba el ajedrez.

El genial letón MikCR_773446_ajedrez_de_mesahail Tal contaba que en una partida contra Evgeny Vasiukov, en 1964, lo que pensaba en un determinado lance del juego era cómo arrastrar un hipopótamo fuera de una cienaga, hasta que finalmente decidió que lo mejor era dejar que se ahogara, y ese pensamieno lo llevó a realizar uno de los sacrificios de pieza más famosos y hermosos de la historia del juego.

Cuando estamos con las manos en la masa de una novela, los escritores muchas veces hacemos lo mismo: también tenemos hipopótamos en danza.

51IMtc9WXELMe temo que mi sensibilidad de hombre del siglo XX (lo soy mucho más que del XXI) no me haya permitido gozar de esta obra, curiosa, sin duda, del XVIII y fundadora –he aquí su mayor mérito– de la novela gótica, que tanto predicamento tuvo, y aún tiene, aunque «aggiornata» bajo otras formas, como la ciencia ficción, por ejemplo.

Tanto portento sobrenatural, tanta ingenuidad y tanto trasfondo místico han podido conmigo.

Cabe reconocerle a Walpole, no obstante, varios hallazgos, entre ellos el de una prosa muy dinámica y que va derecha al grano, a lo que se añade el colorido inglés de su época.

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«Para escribir una novela tienes que ser como Atlas, cargar con todo un mundo en tus hombros y sostenerlo durante meses y años, mientras todos tus asuntos se resuelven por sí mismos».

J. M. Coetzee, «Diario de un mal año»

Novelistas

Notas de lectura:

Yuri Andrujovich. «Recreaciones». Ed. Acantilado (2007). Traducción: Olga Korobenko.Maquetaci—n 1

Este libro reafirma mi aprecio por la calidad y el vigor literario del ucraniano Yuri Andrujovich, detectados con entusiasmo en su soberbio ensayo «El último territorio», (aunque su novela «Doce anillos» baja notablemente de nivel y se queda en proyecto fallido).

«Recreaciones» es satírica y amarga, y sigue centrada en Ucrania, que es en verdad la gran protagonista. Los personajes, confusos y desequilibrados, pasan unas breves jornadas en un festival de exaltación nacionalista e «identitaria» (sí, esa morralla que nos asuela sin descanso), conceptos a los que nuestro autor da un fuerte varapalo.

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