Archivos para 30 November, 1999

Artículo publicado en «The Objective» el 9 de junio de 2022. https://theobjective.com/cultura/2022-06-09/roberto-arlt-merito-canallas/

Roberto Arlt desde un balcón en la Ciudad de Buenos Aires (1935). | Wikimedia Commons

Hace unos días, recorriendo con el dedo, así como al desgaire, los lomos de los libros de mi casa, fui a dar con uno que ya no recordaba tener. «Como todo poseedor de una biblioteca, Aureliano se sabía culpable de no conocerla hasta el fin», escribió Borges. El libro era El juguete rabioso, del argentino Roberto Arlt..

Mi viejo ejemplar, de la editorial Losada, es de 1973, aunque la novela salió en 1926. Mi viejo ejemplar es delgadito, de pequeño formato, menesteroso y frágil; sus hojas no soportan sin rasgarse la visita de un lápiz afilado; son hojas venerables y exigen la caricia de una mina blanda y maternal; han adquirido un color infantil de tarta de moka. Lo compré en Ámsterdam ese mismo año, lo leí con interés y lo archivé. Me ha seguido fiel y anónimamente desde entonces, en una sucesión alocada de mudanzas, pero es ahora, con la segunda lectura, la buena, cuando puedo decir que ha entrado en mi vida, de la que ya no se irá.

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Artículo publicado en «El Español» el 15 de febrero de 2022. https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20220215/aneantir-houellebecq-gran-novela-pesar-misma/650304967_12.html

¿Litetarura de la desesperación o literatura de la resignación? Aniquilar, la 8ª de Michel Houellebecq, ha resultado ser una gran novela larga, a pesar de ella misma.

Anéantir, la última novela de Michel Houellebecq, salió hace un mes, con la escandalera mediática que acompaña sus libros. La traducción española aún tardará unos meses. Para encontrar gallineros tan alborotados de críticos y lectores, habría que remontarse a Céline. ¡Menudo revuelo!

Anéantir, por supuesto, está siendo ya otro fenomenal fenómeno editorial. Houellebecq se mueve divinamente en esos altercados y follones: le gustan y le multiplican ventas, fama e influencia; él contribuye al guirigay exhibiendo impúdicamente sus habilidades mercadotécnicas en entrevistas donde juega con el contraste entre su escritura vitriólica y sus sucesivas imágenes públicas: antes la de un joven pulcro y modoso, ahora la de un hombre cercano a la vejez, nimbado por un aire enfermizo y frágil, que reflexiona a media voz y con silencios parsimoniosos y teatrales sobre los “grandes temas” que le preocupan. Parecería temerario adscribir esos ronroneos mediáticos a la rudeza de sus novelas. (La imagen que tuvo hace unos años, desharrapada y como sacada de una película de terror, ha sido cuidadosamente marginada hasta nuevo aviso).

Houellebecq tiene la simpática virtud de enojar a los puros, bien porque lo consideran un fascista de mierda, bien porque lo ven como un rojo de ídem; ora por ateo, ora por guerrillero de Cristo Rey.

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Artículo publicado en «El Español» el 8 de enero de 2022. https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20220108/houellebecq/640805928_12.html

El 7 de enero la industria editorial francesa tiene su propia epifanía y lleva al mercado sus novedades, en medio de una atención mediática y social que muchos envidiamos.

La industria editorial francesa no es cualquier cosa; en 2020 vendió 422 millones de libros. ¡422 millones! Eso son muchos libros. Puestos en línea y promediando grosores, haría falta una estantería de 10 550 km; una estantería que empezara en Pontevedra y terminara en Osaka. Eso es como si cada francés se hubiera comprado 6,3 libros ese año, aunque, claro está, libros en francés se compran y se venden por todo el mundo, no sólo en Francia o en la pomposona francofonía (más ruido que nueces, en realidad, pero subvencionada con largueza).

Este año sacan libro todos los jabatos y las tigresas de la literatura gala. La avalancha es de algo más de 500 nuevos títulos en pocos días: Éric Vuillard, Leïla Slimani, Pierre Lemaitre, Nicolas Mathieu, Frédéric Beigbeder, Philippe Besson, David Foenkinos, Pascal Quignard, Véronique Olmi, Nathalie Azoulai, Louise Erdrich y muchos más son los justos protagonistas de una gran fiesta de la literatura. Si hay una república que aún merezca ser llamada «de las letras», podría ser la República Francesa, (esa que condecoró al tío Alberto de Serrat).

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Autora: Rebeca García Nieto

Título: Eric

Editorial: Zut

Páginas: 285

La novela Eric, de Rebeca García Nieto (en lo sucesivo RGN), es traicionera.

Disimuladamente, así como con cara de yo-no-fui, caminando con aire despreocupado, silbando por lo bajini una tonadilla pegadiza con las manos cruzadas a la espalda mientras nos distrae con otras cosas, RGN nos conduce a una distopía con la que el lector, incauto, no había contado.

La novela arranca con lo que parece un deseo de fantasía, de un mundo poetizado, ante el espectáculo «algo blasfemo», pero subyugante, de la bóveda celeste que hay en la estación Grand Central Terminal de Nueva York, y lo hace de una manera grata y amable, de la mejor forma que puede hacerlo un escritor: con una prosa solvente, eficaz y bien medida. Poco a poco, sin embargo, empiezan a cernirse tonos sombríos sobre la historia y sobre el lector. La construcción de la distopía novelesca es hábil, subrepticia, lenta, no se ve venir inmediatamente (aunque aletea la sombra de una sospecha) y revela una notable astucia narrativa.

A partir de un cierto momento, que uno no llega a saber del todo cuál es exactamente, nos vemos metidos en lo que podríamos llamar una “novela del desasosiego”.

  • Desasosiego es una palabra que ya pertenece por derecho propio a Pessoa, a quien va indisolublemente unida, pero con respecto a la que RGN presenta sólidos argumentos de copropiedad con esta novela.

La desazón a la que me refiero proviene de una tranquila confusión que de pronto nos atenaza. He dicho tranquila, sí, y por eso mismo acentúa lo tenebroso que está silenciosamente al acecho, pues aquí no hay gritos ni gesticulaciones desaforadas. Uno de los ardides utilizados por la autora para conseguir esa tranquila confusión es la promiscuidad de géneros. Géneros literarios, quiero decir; la aclaración es hoy preceptiva.

En Eric hay elementos de novela psicológica, histórica, política, de novela de ideas, todo ello con manifiestos elementos kafkianos, y navega astutamente por todos estos géneros tejiendo a su vez varias subtramas: la cultura, el exilio, la diáspora y la cuestión judía, la naturaleza de la familia, la psicología clínica, los contrastes entre culturas y formas de vida. A veces la novela busca el ensayo (aunque disfrazado o hasta avergonzado) sobre pedagogía y a veces se nos antoja una historia de Nueva York… (¿o es sobre Viena? ¿O sobre las diferencias entre la vieja Europa y la nueva América?).

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Centroeuropa

6 febrero, 2021 — Deja un comentario

Autor: Vicente Luis Mora

Título: Centroeuropa

Editorial: Galaxia Gutenberg

Páginas: 184

            Una de las primeras lecturas de 2021 ha sido Centroeuropa, de Vicente Luis Mora, ganadora del Premio Málaga de novela (un premio en alza) de hace dos años. Es una buena novela que merecería una reseña más articulada, pero el poco tiempo y las muchas prisas me llevan a presentarles, en su lugar, una transcripción casi literal de mis notas de lectura. Es, pues, la crónica de una lectura o, a lo sumo, una reseña en construcción: cimientos y algunas vigas maestras con unos pocos arreglos posteriores, incluyendo la secuencia de su exposición, que no siempre se corresponde con el orden en el que fueron garabateadas. He aquí las notas:

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