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Todo escritor pasa por ello: cuando un conocido lee alguno de tus escritos de ficción, ve en el protagonista un trasunto tuyo; en el narrador de la historia oye tu propia voz; en lo que cuenta cree adivinar episodios de tu vida y por detrás de lo que dice —astuto y sutil lector— descubre tus opiniones e ideas sobre la vida y el mundo. Es inevitable, qué se le va a hacer.

Al principio uno se esfuerza por desfacer el entuerto y explicar que ni la novela está contando tu vida, aunque se lo pueda parecer, ni el narrador eres tú. Hacen como que te entienden y te creen… pero quiá. «A otro perro con ese hueso», sabes que están pensando.

narradorEsta peligrosa confusión de identidades entre autor y narrador afecta también, aunque en menor grado, a muchos lectores, aun cuando lean obras de escritores que no conocen, sobre todo si estos escritores han transcendido el umbral del anonimato y son famosos y consagrados. (Y no estoy diciendo que la biografía del autor no tenga nada que ver con qué o cómo escribe. Aclaración que debería ser innecesaria pero que suele necesitarse)

Un texto narrativo es uno en el que alguien, un narrador, cuenta una historia; pero como en la mente del lector (hablo del lector no especialista en temas de teoría y crítica literaria y de narratología), quien cuenta una historia es quien la ha inventado y la escribe, la confusion entre narrador y autor está servida de manera casi natural, y por eso, precisamente, harto insidiosa y llena de asechanzas. Continuar leyendo…

Notas de lectura:

Yuri Andrujovich. “Recreaciones”. Ed. Acantilado (2007). Traducción: Olga Korobenko.Maquetaci—n 1

Este libro reafirma mi aprecio por la calidad y el vigor literario del ucraniano Yuri Andrujovich, detectados con entusiasmo en su soberbio ensayo “El último territorio”, (aunque su novela “Doce anillos” baja notablemente de nivel y se queda en proyecto fallido).

“Recreaciones” es satírica y amarga, y sigue centrada en Ucrania, que es en verdad la gran protagonista. Los personajes, confusos y desequilibrados, pasan unas breves jornadas en un festival de exaltación nacionalista e “identitaria” (sí, esa morralla que nos asuela sin descanso), conceptos a los que nuestro autor da un fuerte varapalo.

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