Archivos para 30 November, 1999

¡Ah, las sobrinas!

16 abril, 2017 — 1 Comentario

Publicado en Málaga Hoy el viernes 14 de abril de 2017.

Sobre Alfred Döblin, uno de los novelistas mayores del siglo XX, y su monumental Noviembre de 1918.

(Texto sentido aparece los viernes en el diario Málaga Hoy)

2017_04_14_Ah las sobrinas

Para quien pueda tener dificultad de lectura con la foto del artículo, aquí va el texto:

TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles

¡AH, LAS SOBRINAS!

Ya he hablado de Alfred Döblin y de su Noviembre de 1918. Son cuatro volúmenes que, al desmenuzar un tremendo periodo de la historia alemana, componen una multinovela  fabulosa. Anduve ayer retrasteando el segundo volumen, El pueblo traicionado. Como tengo mis libros llenos de anotaciones y signos cabalísticos, es fácil dar con los pasajes que más me interesaron. Hablaré del titulado Distracciones parisinas, que presenta un erotismo de monóculo muy de la Belle époque que ya moría.

Nos topamos primero con Anny Scharrel, quien:

Tenía en sí una vieja e inextirpable inclinación al vicio.

La doble adjetivación —una suerte de endíadis (¡ah, la retórica!)— es un recurso habitual de Döblin. Vieja e inextirpable es muy eficaz para captar la naturaleza raíz de esa inclinación. Enseguida ahondamos más en esta faceta al saber que:

No sabía existir sin el cosquilleo de una tentación, sin la sensación de resbalar.

Ya andamos cerca del pecado. Hay un hotel (¡ah, los hoteles!) y entran en escena dos sobrinas de Anny (¡ah, las sobrinas!). En ellas:

…la educación ponía barreras: las señoritas eran temerosas […] querían conocerlo todo, pero más de segunda mano

Señoritas epistémicas, ansiosas de conocimiento, hotelito, París… Oh là là. Sepamos más:

Los grandes ojos castaño oscuro miraban atentos bajo las cejas gruesas como orugas […] narices alargadas […] En la mesa, delante de ellas, hay una cubitera, botellas y tres copas.

Aparece un caballero. Hay una breve elipsis narrativa, tras la cual… el caballero tiene a la más joven, ahora separada de su hermana, en su habitación. Ante su desnudez, los rasgos grotescos de antes (orugas, narices largas), desaparecen. La varita mágica de Eros toca a la joven y ahora:

Es enteramente una niña, una niña perversa. Tiene una piel morena, un cuerpo terso y esbelto […] un bello y descarado rostro de gorrión, un rostro que no muestra ni pizca de vergüenza mientras camina desnuda por la alfombra.

El erotismo y la potencia de las imágenes se nos aparecen con un crescendo sabiamente medido. De pronto Döblin hace un brutal zoom sobre el rostro de la muchacha y nos deja boquiabiertos de admiración con una imagen portentosa:

La boca está abierta, como una cereza reventada que muestra su interior.

Esa imagen es tan asombrosa, que me paraliza unos segundos cada vez que la leo. Pero Döblin fuerza más aún su juego de contrastes (todo el pasaje está hecho a contraste limpio), y tras pasmarnos con la imagen de la cereza, salta de lo sublime a lo grotesco:

Bizquea ligeramente de un ojo. Se pone un monóculo.

El cierre.

Aunque todo su cuerpo está desnudo, la durmiente yace infinitamente casta y dulce.

Contrastes, contrastes. Procaz y casta, descangallada y libélula. Cuando se despierta, el caballero la mira ponerse su vestido negro y, cuando lo tenía a medio poner, vio a un ser de dos mundos. De las caderas para abajo, el del olor a cigarrillos y al perfume del salón de baile. El otro mundo, el de la parte de arriba, era:

…el de los pequeños pechos como capullos, el del ligero abombamiento del vientre aún desnudo […] un animalito desnudo y sin nombre, una libélula que juega, ha jugado y quiere seguir revoloteando.

Noviembre de 1918. Recuerden esta novela y si 2000 páginas no los asustan, léanla. Háganse ese favor.

Publicado en Málaga Hoy el viernes 7 de abril de 2017.

Simenon, el novelista belga. Mucho más que novelas policíacas. Más allá de las fronteras del género

(Texto sentido aparece los viernes en el diario Málaga Hoy)

2017_04_07_El astuto Simenon

Para quien pueda tener dificultad de lectura con la foto del artículo, aquí va el texto:

TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles 

EL ASTUTO SIMENON

Para hablar de la astucia narrativa de Simenon, me serviré de su novela La ventana de los Rouet. Da igual el argumento, no voy a reseñarla.

Todo empieza con un despertador en la habitación de al lado:

Ese ruido vulgar no le recordaba sino sucesos penosos, perversos, enfermedades, cuidados en mitad de la noche…

En línea y media, el tuétano de una vida. Sin embargo, ese primer apunte de una mujer atormentada por un pasado doliente podría resultar demasiado gaseoso. Hay que apuntalarlo, pero no enseguida. Sería obvio y poco sutil. Simenon se contiene y veinte páginas después añade:

Hacía ya años que apenas dormía; todo empezó cuando cuidaba a su padre, que la despertaba cada media hora.

Ahora entendemos más. Los dos fragmentos se regalan coherencia, a páginas de distancia. Deja crecer nuestra curiosidad antes de satisfacerla. (La memoria, retener lo que se ha leído en las páginas anteriores, es importante en la lectura).

Todo lo que cuenta Simenon rebosa realidad cotidiana, pero su forma de narrar tiene algo de irreal: ráfagas de párrafos que arman la novela, como las nerviosas pinceladas de los impresionistas cubren el lienzo. Saca a los personajes y los sucesos fragmentariamente y en rápida sucesión, pero su control de la narración es absoluto.

Seguimos leyendo. Dominique no duerme; piensa en sus realquilados y eso nos permite conocerla íntima pero despaciosamente. La dosificación es morosa, con tempo impecable.

…están desnudos, lo sabe, carne contra carne, enredados, el brillo del sudor en la piel, el pelo que se pega a las sienes.

Sus realquilados la obsesionan y hasta cree saber lo que sienten:

…se regodean en ese calor, en ese olor de bestias humanas.

¿Homenaje a Zola? Plena canícula en París. Sudor. Casi desnuda en su cuarto, se avergüenza de su cuerpo y se turba al pensar en los dos amantes, orgullos de su desnudez. Abstinencia y sexo. Pudor y procacidad. En las novelas de Simenon, el sexo suele ser jadeante.

Hay ventanas. Simenon nos muestra la mirada de Dominique cuando nos dice que no había cerrado del todo los postigos:

…ha dejado una ranura vertical de varios centímetros por la que observa las casas de enfrente…

Así mira esa soltera de cuarenta años, tal vez doncella (¡qué palabra!): la mirada estrecha, como la ranura.

Simenon pinta sus escenas con plasticidad pasmosa. A la música de un viejo tocadiscos, los vecinos fuelgan. Cuando termina la música y se oyen los repetidos arañazos de la aguja sobre el disco, Dominique, envidiosa, rumia:

El picú está junto a la cama; con los cuchicheos y las risitas se ven los movimientos que hace el hombre para alcanzarlo.

Astutísima descripción. Podemos ver —voyeurs irredentos— el turbado resquemor de Dominique y la lascivia en el cuarto contiguo. Vemos con el oído, vemoímos al macho contorsionarse para recolocar la aguja del tocadiscos sin desmontar a la hembra.

La vida se despliega como es, con comedias y dramas yendo de la mano, cosidos por la contemplación secreta de Dominique, que desde su ventana mira ahora cómo agoniza un vecino.

¡Rouet está condenado a muerte! ¡Va a morir! Esos minutos, esos segundos durante los que los Caille se visten alegremente en el cuarto de al lado para salir […] esos minutos, esos segundos son los últimos de un hombre al que ella ha visto vivir durante años.

La muerte enfrente y el sexo al lado.

Todo en Simenon es real: los personajes, los escenarios, las situaciones. Pero su poder de arrastrarnos irremisiblemente hasta lo más hondo de sus historias, gracias a su instinto de narrador y a la plasticidad de sus descripciones… eso pertenece a la dimensión de los prodigios.

Cruel Trifles

4 abril, 2017 — Deja un comentario

English version of my weekly literary column “Texto sentido”, published in the Spanish newspaper Málaga Hoy.

Reading Tolstoy.

Textual Insticnt_Cruel Trifles

TEXTUAL INSTINCT

Sanz Irlers. Author

CRUEL TRIFLES

The huge literary impact of Tolstoy owes much to the meticulous attention he pays to all of his characters. No coachman, maid, cook, nor peasant is too small for him not to stop to give us some form of outline of who they are, their desires, resentments or dreams, in short, their overall humanity. Tolstoy builds his novels with the evolution of the characters, not on their vicissitudes.

To do this he scrutinises seemingly banal reactions and discovers in them signs of the changes that have occurred in the characters’ ideas and feelings. In an unforgettable scene, although somewhat farcical, Anna Karenina, who has been flirting with the handsome Vronski on the train and is falling in love with him, sees her husband upon alighting, and what does she see and think?

…the first person who attracted her attention was her husband. “Oh, my God! Why do his ears stick out like that?

For the first time, she notices this silly ugly physical feature in her husband: the sticking-out ears propping up the brim of his round hat. She will later discover ugly moral features and use all these deformities as her excuse to throw herself into adultery, or true love, depending on how you wish to see it.

Tolstoy’s astute narrative makes the most of this discovery, and many pages afterwards it is Anna herself who suffers from a similar judgement. Stern symmetry. Her lover also changes:

[Vronsky] could not at once recall what he had been going to say. These fits of jealousy, which of late had been more and more frequent with her, horrified him, and however much he tried to disguise the fact, made him feel cold to her…


Vronski’s ardor dies out just as Anna’s did before that with her husband; we know this from the disenchanted perception the seducer now has of his lover:

She was utterly unlike what she had been when he first saw her. Both morally and physically she had changed for the worse. She had broadened out all over […] He looked at her as a man looks at a faded flower he has gathered, with difficulty recognizing in it the beauty for which he picked and ruined it.

Anna puts on weight and Vronski’s passion fades. In a moment of great intensity, Anna confronts her husband. The way in which Tolstoy recounts the scene is absolutely masterful:

“No, you are not mistaken,” she replied, with measured words, casting a look of despair on her husband’s icy face. “You are not mistaken; I was in despair, and I could not help being. I hear you, but I am thinking only of him. I love him, I am his mistress. I cannot endure you, I fear you, I hate you! … Do with me what you please.

 Like no other, Tolstoy illustrates the cruelty hidden in trifling day-to-day gestures. In The Cossacks, the young Olenin, in love with Marianka, has to leave the village. With sadness and believing it to be an important moment, he bids her farewell. They say goodbye, but shortly afterwards:

Olenin turned round. Daddy Eroshka was talking to Maryanka, evidently about his own affairs, and neither the old man nor the girl looked at Olenin.

It has taken only seconds to forget him. Life carries on without poor Olenin!

Tolstoy has always taken us to those terrible moments with a perturbing naturalness and with a narrative skill that makes him a firm candidate to be the best novelist in the history of literature.

Publicado en Málaga Hoy el viernes 31 de marzo de 2017.

Tolstói: sus personajes; su grandeza.

2017_03_31_Crueles nimienades

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TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles

CRUELES NIMIEDADES

La enormidad literaria de Tolstói le debe mucho a la minuciosa atención que pone en todos sus personajes. Ningún cochero ni criado ni cocinera ni campesino es tan poca cosa como para que no se detenga en darnos alguna pincelada de su ser, de sus deseos, rencores o ilusiones, en suma, de su humanidad. Tolstói construye sus novelas con la evolución de los personajes, no con sus peripecias externas.

Para eso escudriña reacciones aparentemente banales y descubre en ellas signos de los cambios que se suceden en sus ideas y sus sentimientos.

En una escena inolvidable, aunque algo sainetera, Anna Karénina, que ha coqueteado con el apuesto Vronski en el tren y se está prendando de él, ve a su marido nada más apearse. ¿Y qué ve y piensa?

…el primer rostro que le llamó la atención fue el de su marido. ¡Ah, Dios mío! ¿Por qué tendrá esas orejas?

Por primera vez se percata de ese tontorrón rasgo de fealdad física en su marido: las orejas de soplillo sobre cuyos cartílagos salientes se apoyaba el ala del sombrero redondo. Después descubrirá fealdades morales y con unas y otras se fabricará la coartada para lanzarse al adulterio, o al amor verdadero, según quiera verse.

La astucia narrativa de Tolstói aprovecha el hallazgo y muchas páginas después es la propia Anna la que sufre un juicio parecido. Simetría justiciera. Su amante también cambia:

Vronski ya no se acordaba de lo que quería decir. Esos ataques de celos […] le horrorizaban, y, por más que se esforzara en disimularlo, enfriaban los sentimientos que albergaba por ella…

El ardor de Vronski se extingue, como antes el de Ana por su marido; lo sabemos por la desencantada percepción que el seductor tiene ahora de su amante:

Anna ya no era como en los primeros tiempos. Había cambiado a peor tanto en el aspecto físico como en el moral. Había engordado […] Vronski la miraba como se mira una flor marchita que uno mismo ha cortado…

Ana engorda y la pasión de Vronski enmagrece. En un momento de gran intensidad, Ana se enfrenta a su marido. La forma en que Tolstói cuenta la escena es magistral de todo punto:

No, no se equivoca usted —dijo ella con voz lenta, mirando con desesperación el semblante glacial de su marido—. No se equivoca. Estaba desesperada y sigo estándolo. Le escucho a usted, pero es en él en quien pienso. Lo amo y soy su amante. A usted no puedo soportarlo, le tengo miedo, lo odio… Haga conmigo lo que mejor le parezca.

Tolstói muestra como nadie la crueldad que se oculta en los nimios gestos cotidianos. En Los cosacos, el joven Olenin, enamorado de Marianka, debe irse del pueblo. Con pena y creyendo vivir un momento importante, se despide de ella. Se dicen adiós, pero al poco:

Olenin se giró. Papá Eroshka hablaba con Marianka, sin duda de sus cosas, y ni el viejo ni la joven lo miraron.

Han bastado unos segundos para olvidarlo. La vida sigue sin él. ¡Pobre Olenin!

Tolstói siempre nos lleva hasta esos momentos terribles con una naturalidad perturbadora y con un tino narrativo que hacen de él un firme candidato al título de mejor novelista de la historia de la literatura.

Walcott, el caribeño

25 marzo, 2017 — 1 Comentario

Publicado en Málaga Hoy el viernes 24 de marzo de 2017.

Mi homenaje al gran Derek Walcott, recién fallecido.

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TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles 

WALCOTT EL CARIBEÑO

El viernes pasado, 17 de marzo de 2017, murió el poeta y dramaturgo Derek Walcott a los 87 años. Era caribeño, de Santa Lucía (islas de Barlovento), hijo de británico, nieto de esclavos. Conozco esa parte del mundo, Aruba, Curazao, Bonaire, donde tuve amoríos y tragos de ron y amaneceres radiantes y amé a Marelva y me quiso Mirena. Quizás por eso sus versos resonaron en mí en cuanto los leí.

Lo primero que conocí de él fueron unos poemas sueltos de su libro The Arkansas Testament. Me impresionaron. Recuerdo (no tengo el libro) emocionantes imágenes de estrellas que punzan el firmamento y noches con aliento de ron blanco. Siempre entretejo aquellos versos con canciones de Belafonte, el dandi del Caribe.

Después leí Omeros, un largo poema épico de 400 páginas cuyo título reivindica la tradición de Aquiles y Ulises —a Santa Lucía se la conoce como la Helena de las Indias Occidentales, por la de veces que cambió de dueño—. Homero en el título, Dante en la composición —en una especie de tercetos— y en su lectura, sal marina, algas y yodo.

Me entristeció la muerte del poeta y al llegar a casa volví a ojear el libro, después de muchos años.

No es una reseña, lo que sigue, ni crítica ni análisis. Sólo un pequeño homenaje trenzado con algunos de los versos e imágenes que subrayé en mi edición bilingüe, con una magnífica versión española del mexicano José Luis Rivas.

Y una garceta pesca al acecho en los juncos con oxidado grito […]

Y el silencio es aserrado en dos por una libélula

[…]

Mientras anguilas trazan su firma por la clara arena del fondo,

Cuando la aurora aguza la memoria del río…

La naturaleza bulle ya en el primer capítulo. El chillido de la garceta es metálico; las anguilas y la libélula surgen en metáforas bellísimas. ¿Habíamos notado que el fuerte aleteo de una libélula en  la callada tarde suena, en efecto, como un serrucho? ¿Qué las anguilas son calígrafas?

Los mosquitos son escupidos dardos y cuando se los mata de un manotazo, se convierten en aplastados asteriscos. **. Qué imagen asombrosa, precisa, y cómo incorpora astutamente la tipografía a la naturaleza (muerta). Tengo en mis libracos varios de estos asteriscos, que ya no raspo de las páginas. Ahí se quedan hasta el fin de los días, honrando a Derek Walcott.

Una golondrina surca el oleaje de las nubes, por encima de las montañas azules de las olas.

…the swift crossing the cloud-surf […] confused by the waves of blue hills.

En el mundo isleño y oceánico de Walcott, la cólera de los gallos (la cólera del pelida Aquiles) es ondulante y sus:

…gritos crujían como tiza roja […] dibujando cerros en una pizarra

Hay una gran naturalidad poética y una envidiable facilidad en este recurso retórico a la sinestesia, donde los sonidos son colores y se convierten en artistas.

Las nubes se esponjaban como hogazas. La exuberante naturaleza no detiene su quehacer y dos mirlos reñían durante el desayuno. Después, un lagarto sobre el dique disparó la fecha de su pregunta.

Walcott nos regala infinidad de imágenes abiertas, para que las veamos a nuestro antojo. ¿Son los muelles los cuernos grises de un puerto?

Son horas de milagros y aventura las que pasamos, gozosamente arropados por estos miles de versos, junto a Aquiles y Filoctetes y Ma Kilman, la dueña del No Pain Café, y tantos otros caribeños que pueblan sus páginas.

Es un libro muy hermoso. Gracias, Derek Walcott.