Cruel Trifles

4 abril, 2017 — Deja un comentario

English version of my weekly literary column “Texto sentido”, published in the Spanish newspaper Málaga Hoy.

Reading Tolstoy.

Textual Insticnt_Cruel Trifles

TEXTUAL INSTINCT

Sanz Irlers. Author

CRUEL TRIFLES

The huge literary impact of Tolstoy owes much to the meticulous attention he pays to all of his characters. No coachman, maid, cook, nor peasant is too small for him not to stop to give us some form of outline of who they are, their desires, resentments or dreams, in short, their overall humanity. Tolstoy builds his novels with the evolution of the characters, not on their vicissitudes.

To do this he scrutinises seemingly banal reactions and discovers in them signs of the changes that have occurred in the characters’ ideas and feelings. In an unforgettable scene, although somewhat farcical, Anna Karenina, who has been flirting with the handsome Vronski on the train and is falling in love with him, sees her husband upon alighting, and what does she see and think?

…the first person who attracted her attention was her husband. “Oh, my God! Why do his ears stick out like that?

For the first time, she notices this silly ugly physical feature in her husband: the sticking-out ears propping up the brim of his round hat. She will later discover ugly moral features and use all these deformities as her excuse to throw herself into adultery, or true love, depending on how you wish to see it.

Tolstoy’s astute narrative makes the most of this discovery, and many pages afterwards it is Anna herself who suffers from a similar judgement. Stern symmetry. Her lover also changes:

[Vronsky] could not at once recall what he had been going to say. These fits of jealousy, which of late had been more and more frequent with her, horrified him, and however much he tried to disguise the fact, made him feel cold to her…


Vronski’s ardor dies out just as Anna’s did before that with her husband; we know this from the disenchanted perception the seducer now has of his lover:

She was utterly unlike what she had been when he first saw her. Both morally and physically she had changed for the worse. She had broadened out all over […] He looked at her as a man looks at a faded flower he has gathered, with difficulty recognizing in it the beauty for which he picked and ruined it.

Anna puts on weight and Vronski’s passion fades. In a moment of great intensity, Anna confronts her husband. The way in which Tolstoy recounts the scene is absolutely masterful:

“No, you are not mistaken,” she replied, with measured words, casting a look of despair on her husband’s icy face. “You are not mistaken; I was in despair, and I could not help being. I hear you, but I am thinking only of him. I love him, I am his mistress. I cannot endure you, I fear you, I hate you! … Do with me what you please.

 Like no other, Tolstoy illustrates the cruelty hidden in trifling day-to-day gestures. In The Cossacks, the young Olenin, in love with Marianka, has to leave the village. With sadness and believing it to be an important moment, he bids her farewell. They say goodbye, but shortly afterwards:

Olenin turned round. Daddy Eroshka was talking to Maryanka, evidently about his own affairs, and neither the old man nor the girl looked at Olenin.

It has taken only seconds to forget him. Life carries on without poor Olenin!

Tolstoy has always taken us to those terrible moments with a perturbing naturalness and with a narrative skill that makes him a firm candidate to be the best novelist in the history of literature.

Publicado en Málaga Hoy el viernes 31 de marzo de 2017.

Tolstói: sus personajes; su grandeza.

2017_03_31_Crueles nimienades

Para quien pueda tener dificultad de lectura con la foto del artículo, aquí va el texto:

TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles

CRUELES NIMIEDADES

La enormidad literaria de Tolstói le debe mucho a la minuciosa atención que pone en todos sus personajes. Ningún cochero ni criado ni cocinera ni campesino es tan poca cosa como para que no se detenga en darnos alguna pincelada de su ser, de sus deseos, rencores o ilusiones, en suma, de su humanidad. Tolstói construye sus novelas con la evolución de los personajes, no con sus peripecias externas.

Para eso escudriña reacciones aparentemente banales y descubre en ellas signos de los cambios que se suceden en sus ideas y sus sentimientos.

En una escena inolvidable, aunque algo sainetera, Anna Karénina, que ha coqueteado con el apuesto Vronski en el tren y se está prendando de él, ve a su marido nada más apearse. ¿Y qué ve y piensa?

…el primer rostro que le llamó la atención fue el de su marido. ¡Ah, Dios mío! ¿Por qué tendrá esas orejas?

Por primera vez se percata de ese tontorrón rasgo de fealdad física en su marido: las orejas de soplillo sobre cuyos cartílagos salientes se apoyaba el ala del sombrero redondo. Después descubrirá fealdades morales y con unas y otras se fabricará la coartada para lanzarse al adulterio, o al amor verdadero, según quiera verse.

La astucia narrativa de Tolstói aprovecha el hallazgo y muchas páginas después es la propia Anna la que sufre un juicio parecido. Simetría justiciera. Su amante también cambia:

Vronski ya no se acordaba de lo que quería decir. Esos ataques de celos […] le horrorizaban, y, por más que se esforzara en disimularlo, enfriaban los sentimientos que albergaba por ella…

El ardor de Vronski se extingue, como antes el de Ana por su marido; lo sabemos por la desencantada percepción que el seductor tiene ahora de su amante:

Anna ya no era como en los primeros tiempos. Había cambiado a peor tanto en el aspecto físico como en el moral. Había engordado […] Vronski la miraba como se mira una flor marchita que uno mismo ha cortado…

Ana engorda y la pasión de Vronski enmagrece. En un momento de gran intensidad, Ana se enfrenta a su marido. La forma en que Tolstói cuenta la escena es magistral de todo punto:

No, no se equivoca usted —dijo ella con voz lenta, mirando con desesperación el semblante glacial de su marido—. No se equivoca. Estaba desesperada y sigo estándolo. Le escucho a usted, pero es en él en quien pienso. Lo amo y soy su amante. A usted no puedo soportarlo, le tengo miedo, lo odio… Haga conmigo lo que mejor le parezca.

Tolstói muestra como nadie la crueldad que se oculta en los nimios gestos cotidianos. En Los cosacos, el joven Olenin, enamorado de Marianka, debe irse del pueblo. Con pena y creyendo vivir un momento importante, se despide de ella. Se dicen adiós, pero al poco:

Olenin se giró. Papá Eroshka hablaba con Marianka, sin duda de sus cosas, y ni el viejo ni la joven lo miraron.

Han bastado unos segundos para olvidarlo. La vida sigue sin él. ¡Pobre Olenin!

Tolstói siempre nos lleva hasta esos momentos terribles con una naturalidad perturbadora y con un tino narrativo que hacen de él un firme candidato al título de mejor novelista de la historia de la literatura.

Walcott, el caribeño

25 marzo, 2017 — 1 Comentario

Publicado en Málaga Hoy el viernes 24 de marzo de 2017.

Mi homenaje al gran Derek Walcott, recién fallecido.

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Para quien pueda tener dificultad de lectura con la foto del artículo, aquí va el texto:

TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles 

WALCOTT EL CARIBEÑO

El viernes pasado, 17 de marzo de 2017, murió el poeta y dramaturgo Derek Walcott a los 87 años. Era caribeño, de Santa Lucía (islas de Barlovento), hijo de británico, nieto de esclavos. Conozco esa parte del mundo, Aruba, Curazao, Bonaire, donde tuve amoríos y tragos de ron y amaneceres radiantes y amé a Marelva y me quiso Mirena. Quizás por eso sus versos resonaron en mí en cuanto los leí.

Lo primero que conocí de él fueron unos poemas sueltos de su libro The Arkansas Testament. Me impresionaron. Recuerdo (no tengo el libro) emocionantes imágenes de estrellas que punzan el firmamento y noches con aliento de ron blanco. Siempre entretejo aquellos versos con canciones de Belafonte, el dandi del Caribe.

Después leí Omeros, un largo poema épico de 400 páginas cuyo título reivindica la tradición de Aquiles y Ulises —a Santa Lucía se la conoce como la Helena de las Indias Occidentales, por la de veces que cambió de dueño—. Homero en el título, Dante en la composición —en una especie de tercetos— y en su lectura, sal marina, algas y yodo.

Me entristeció la muerte del poeta y al llegar a casa volví a ojear el libro, después de muchos años.

No es una reseña, lo que sigue, ni crítica ni análisis. Sólo un pequeño homenaje trenzado con algunos de los versos e imágenes que subrayé en mi edición bilingüe, con una magnífica versión española del mexicano José Luis Rivas.

Y una garceta pesca al acecho en los juncos con oxidado grito […]

Y el silencio es aserrado en dos por una libélula

[…]

Mientras anguilas trazan su firma por la clara arena del fondo,

Cuando la aurora aguza la memoria del río…

La naturaleza bulle ya en el primer capítulo. El chillido de la garceta es metálico; las anguilas y la libélula surgen en metáforas bellísimas. ¿Habíamos notado que el fuerte aleteo de una libélula en  la callada tarde suena, en efecto, como un serrucho? ¿Qué las anguilas son calígrafas?

Los mosquitos son escupidos dardos y cuando se los mata de un manotazo, se convierten en aplastados asteriscos. **. Qué imagen asombrosa, precisa, y cómo incorpora astutamente la tipografía a la naturaleza (muerta). Tengo en mis libracos varios de estos asteriscos, que ya no raspo de las páginas. Ahí se quedan hasta el fin de los días, honrando a Derek Walcott.

Una golondrina surca el oleaje de las nubes, por encima de las montañas azules de las olas.

…the swift crossing the cloud-surf […] confused by the waves of blue hills.

En el mundo isleño y oceánico de Walcott, la cólera de los gallos (la cólera del pelida Aquiles) es ondulante y sus:

…gritos crujían como tiza roja […] dibujando cerros en una pizarra

Hay una gran naturalidad poética y una envidiable facilidad en este recurso retórico a la sinestesia, donde los sonidos son colores y se convierten en artistas.

Las nubes se esponjaban como hogazas. La exuberante naturaleza no detiene su quehacer y dos mirlos reñían durante el desayuno. Después, un lagarto sobre el dique disparó la fecha de su pregunta.

Walcott nos regala infinidad de imágenes abiertas, para que las veamos a nuestro antojo. ¿Son los muelles los cuernos grises de un puerto?

Son horas de milagros y aventura las que pasamos, gozosamente arropados por estos miles de versos, junto a Aquiles y Filoctetes y Ma Kilman, la dueña del No Pain Café, y tantos otros caribeños que pueblan sus páginas.

Es un libro muy hermoso. Gracias, Derek Walcott.

Dense Prose

25 marzo, 2017 — 1 Comentario

English version of my weekly literary column «Texto sentido», published in the Spanish newspaper Málaga Hoy.

A few remarks on Faulkner’s style:

Textual Instinct_Dense Prose

Spanish version

TEXTUAL INSTINCT

Sanz Irles. Author

DENSE PROSE

Fabric is made by the weft weaving through the warp, the proportion of threads between one and the other determining its overall density.

Some writers’ prose is light. The plot weaves its way through a warp of few threads and moves forward apace towards the outcome. Other prose is dense; the plot moves, and necessarily more slowly, through a large number of warp threads. (Here I refer to good authors. For the bad ones, the light is flavourless and the dense a quagmire).

Faulkner’s Flags in the dust has hundreds of examples to illustrate just this. It is an extremely detailed piece of writing which comments on everything. It is not enough to say that there were people eating in a bar, but rather:

…a number of men and a woman or so, mostly country people, sat eating with awkward and solemn decorum. Next to this was the kitchen, filled with frying odors and the brittle hissing of it, where two negroes moved like wraiths in a blue lethargy of smoke.

How captivating this brittle hissing is, with its sharp and contrasting onomatopoeias, and where blue ghosts float on this aural backdrop.

Faulkner has a magnifying glass to examine every last detail, and does not limit himself to say that someone brought some glasses to the table, instead describes what was put there:

…two freshly rinsed glasses to which water yet adhered in sliding beads, on the table and stood drying his hands on his apron.

The pearls of water in movement; the waiter who wipes his hands of the moisture that he hadn’t removed from the glasses; the young black man, almost immobile, has transferred his movement to the droplets and there is a zoom in on the table: this literary scene is close to being a painting or a film.

Most villages have a tree-lined road. In Faulkner’s villages, there is much more:

Town among its trees, its shady streets like green tunnels along which tight lives accomplished their peaceful tragedies…

Peaceful tragedies: one of those Faulkner oxymora that suddenly shakes you.

On another occasion, the implacable eye of the novelist notes and comments that the carriage horses are:

…growing daily shabbier and less prideful with idleness and the lack of their daily grooming…

The horses had been arrogant, like the Sartoris family, and to explain the relationship between them and life he said that:

Sartorises had derided Time, but Time was not vindictive, being longer than Sartorises. And probably unaware of them.

With other novelists, the attention to detail is shown by a swift adjective or by an outline of a gesture that reveals the nooks and crannies of a soul. Faulkner takes up whole paragraphs. He uses an enormous magnifying glass to set free his portentous verbal virtuosity. Luckily for us, it is a fertile virtuosity that can be found in almost every paragraph. The miracle is that it doesn’t interrupt the story nor the construction of unforgettable characters or a fascinating world. The weaver’s shuttle, dragging the weft across the weave, moves forward unhurriedly, but never stopping.

This is why Faulkner is one of the most rewarding authors to reread. He already sensed this, in spite of his disdain. He was asked about it once:

Some people say they can’t understand your writing, even after they read it two or three times. What approach would you suggest for them?”

Read it four times.”

His style is magnificent and original, full of formulas and linguistic twists that make up his extremely personal representation of the world, something that stylistics experts call the ‘mental style’ of an author (I’ll be blowed if I know why).

One thing I do know, Faulkner is one of the dozen best novelists of all time. You do the math.

@SanzIrles                 ©2017 Sanz Irles. Reproduction allowed, citing author.

Prosas tupidas

18 marzo, 2017 — 1 Comentario
Publicado en Málaga Hoy el viernes 17 de marzo de 2017. English version

Faulkner, o cuando en lenguaje es un juguete fastuoso con el que envolver tremendas ideas.

2017_03_17_Prosas tupidas

Para quien pueda tener dificultad de lectura con la foto del artículo, aquí va el texto:

TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles 

PROSAS TUPIDAS

Las telas se tejen pasando la trama entre la urdimbre; la proporción de hilos entre una y otra determina su tupidez.

La prosa de algunos escritores es liviana. La trama va atravesando una urdimbre de pocos hilos y avanza a buen paso hacia su desenlace. La de otros es tupida; la trama pasa, necesariamente más despacio, por entre un gran número de cabos de urdimbre. (Hablo de los buenos escritores. En los malos, lo liviano es aguachirle y lo tupido, cenagal).

Banderas sobre el polvo, de Faulkner, contiene cientos de ejemplos para ilustrar lo que digo. (Las traducciones que siguen son mías).

Es una escritura minuciosa que todo lo anota. No basta con decir que en un local había gente comiendo, sino que:

…unos cuantos hombres y mujeres, gente del campo especialmente,  comían con un decoro torpe y solemne. Al lado estaba la cocina, llena de olores de fritura con sus agudos siseos, en la que dos negros se movían como espectros en un azul letargo de humo.

Si los agudos siseos resultan llamativos, el brittle hissing original hechiza con sus afiladas y contrapuestas onomatopeyas. Sobre tal fondo sonoro, fantasmas en azul.

Faulkner tiene una lupa para escrutar cada detalle y no se limita a contar que alguien llevó unos vasos, sino que puso en la mesa:

…dos vasos recién enjuagados, por los que aún se deslizaban perlas de agua, y permaneció de pie secándose las manos con el delantal.

Las perlas de agua en movimiento; el camarero se quita de las manos la humedad que no había quitado de los vasos; el joven negro, casi inmóvil, les ha transmitido su movimiento a las gotas y hay zoom sobre la mesa: la escena literaria se asoma a la pintura y el cine.

Cualquier pueblo tiene una calle con árboles. Los de Faulkner, mucho más:

Un pueblo entre sus árboles, sus calles sombreadas como verdes túneles a lo largo de los que vidas apretadas cumplían con sus tranquilas tragedias.

Peaceful tragedies, nos dice con uno de esos oxímoros suyos que nos zarandean de improviso.

En otro momento, el ojo implacable del novelista nota y anota que los caballos de tiro están:

…cada día más avejentados y menos altaneros, por la inactividad y la falta de cepillado diario…

Los caballos fueron altivos, como los Sartoris, y para explicar la relación de estos con la vida dice que:

Los Sartoris se habían reído del Tiempo, pero el Tiempo, más longevo que los Sartoris, no era vengativo.

En otros novelistas, la atención por el detalle se manifiesta con la fugacidad de un adjetivo o el esbozo de un gesto que revela escondrijos de un alma. En Faulkner ocupa párrafos enteros. Usa una lupa enorme que libera su portentoso virtuosismo verbal. Para nuestra fortuna, es un virtuosismo fértil, que encontramos casi en cada párrafo. El milagro es que no interrumpe la historia ni la construcción de personajes inolvidables ni la de un mundo fascinante. La lanzadera, que arrastra la trama sobre el telar, avanza con parsimonia, pero no se detiene.

Por eso es Faulkner uno de los autores que mejor retribuye la relectura. Ya lo intuyó él, pese a su desdén. Esto le preguntaron una vez y esto respondió:

Hay quienes dicen no entender lo que escribe ni aun leyéndolo dos o tres veces. ¿Qué les sugiere?

Que lo lean cuatro veces.

Su estilo es grandioso y original, lleno de fórmulas y giros lingüísticos que configuran su personalísima representación del mundo, algo que los expertos de estilística llaman el estilo mental de un autor (y que me aspen si entiendo por qué).

Una cosa sí sé: Faulkner está en la docena de los más grandes novelistas de todos los tiempos. Hagan cuentas.