Archivos para 30 November, 1999

Lenguas prestadas

1 octubre, 2017 — 1 Comentario

Publicado en Málaga Hoy el viernes 29 de septiembre de 2017.

Escribir gran literatura en una lengua que no se mamó desde la cuna, me parece algo milagroso. Hablo aquí de tres de ellos, uno bueno (Kosinski) y dos, grandísimos. Hay más (Cioran, por ejemplo), pero estos tres cubren mi propósito.

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Para quien pueda tener dificultad de lectura con la foto del artículo, aquí va el texto: 

 

TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles 

LENGUAS PRESTADAS

Cruzaremos Francia en un 2CV y leeremos a Conrad. Fue una propuesta de mi amigo Willy, cuando éramos bohemios y comíamos perdices. El polaco Conrad creó su grandiosa literatura en una lengua adoptada. Milagroso. Otros pocos también lo han hecho, entre ellos dos eslavos como él.

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Jerzy Kosinski

Jerzy Kosinski, extravagante polaco judío, alcanzó la fama en los 70. Escribió Desde el jardín, (Bienvenido Mr. Chance, en el cine) y otras novelas, como Pasos:

En la columna reinaba un pandemonio; varios soldados habían roto filas y otros gritaban y me hacían señas. Vi a un abanderado del regimiento y un reflejo me llevó a hacerle el saludo militar. Un grito burlón surgió de los labios de los soldados más próximos; un trompeta alzó su instrumento y ejecutó un llamado de caza…

 

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Chessex

23 septiembre, 2017 — Deja un comentario

Publicado en Málaga Hoy el viernes 22 de septiembre de 2017.

El suizo (valdense, por más señas) Jacques Chessex es un escritor interesante al que he llegado hace poco.

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TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles 

CHESSEX

Hace poco descubrí al escritor francosuizo Jacques Chessex (1934-2009). He leído tres novelas suyas: El vampiro de Ropraz, El último cráneo del Marqués de Sade y El ogro.

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Fue un autor con predilección por los temas fuertes; en estas tres obras: el vampirismo, el sadismo y el odio al padre. Sus novelas piden a gritos una crítica freudiana, pero yo no la haré, pues en esta sección me ocupo más de los textos que de sus contextos (alguien tenía que hacerlo), así que hoy pongo la lupa sobre un recurso retórico que Chessex usa con profusión, hasta convertirlo en gallardete de su personal y estiloso estilo: la enumeración. Continuar leyendo…

El Golem

17 septiembre, 2017 — 1 Comentario

Publicado en Málaga Hoy el viernes 15 de septiembre de 2017.

Regresa Texto sentido a las páginas, muy hospitalarias, de Málaga Hoy, tras dos meses de reposo.

La lupa, hoy, la pongo sobre algunas aspectos estilísticos de la intrigante fantasía que urdió un igualmente intrigante Gustav Meyrink. A su manera, esta novela dejó huella en la historia de la literatura. He sabido hace poco, después de leerla, que también interesó mucho s Borges. Por algo será.

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TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles 

EL GOLEM

El austriaco Gustav Meyrink (1868-1932) es el autor de El Golem, una fantástica novela fantástica que lleva de Dickens a Kafka. Mucho puede decirse de esta obra singular; hoy comentaré sólo uno de sus capítulos, titulado Praga, que tengo por una lección de gran literatura.

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Gustav Meyrink de joven

Todo sucede en una concisa unidad espacio-tiempo, un cronotopo perfecto: un lugar pequeño —una puerta cochera— y un tiempo corto —el de un chaparrón—. Un grupo de gente se refugia del aguacero y entonces se despliegan, con magistral pericia narrativa, muchas claves de la novela.

Ante nuestros ojos aparece, mágica y siniestra, una ciudad dickensiana que cobra vida propia; no sus habitantes, sino sus calles y casas:

La lluvia barría los techos y caía sobre las fachadas como ríos de lágrimas.

Adelantando un poco la cabeza veía mi ventana […] tan mojada por la lluvia que los vidrios parecían haberse fundido, opacos y grumosos como cola de pescado.

La banalidad del símil como ríos de lágrimas queda redimida por la genialidad del siguiente: los vidrios gelatinosos, como cola de pescado, al estar bañados por la torrencial lluvia. ¡Qué imagen extraordinaria y precisa!

La descripción del hacinamiento de las viejas casas, que cohabitan con promiscuidad, es una pura maravilla; los símiles aquí —las bestias ceñudas, el colmillo— muestran a un escritor muy dotado y pletórico de imaginación y recursos:

Las casas descoloridas, que se recostaban unas contra otras bajo la lluvia, como viejas bestias ceñudas. ¡Qué aspecto lamentable y decaído tenían todas!

Edificadas al azar […] sin tener en cuenta a las demás. Allá, una casa retirada, la fachada torcida, y otra al lado, sobresaliendo como un colmillo […] ellas mantienen un misterioso conciliábulo mudo.

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Tras el callado conciliábulo de las casas, nos topamos con esta originalísima descripción de la telepatía:

En ocasiones, se atizan con tanta fuerza los pensamientos, que estos pueden brotar y caer sobre la mente de una persona cercana, como chispas.

Todo el capítulo es pertinente para el desarrollo de la historia, que no voy a glosar. Nomás quería poner de relieve unos cuantos detalles que lo dotan de una especial belleza, netamente literaria. Vean cómo un ramillete de novia arrastrado por la fangosa corriente, calle abajo, es una poderosa e hiriente imagen de la desesperanza y la desolación:

Mire, ahí va un ramillete de novia —dijo repentinamente Charousek, señalando un ramo de mirtos mustios que pasaba arrastrado por el agua sucia.

Cinco páginas después entendemos más:

Esas criaturas enigmáticas que viven alrededor de mí: atraviesan la existencia sin voluntad, animadas por una corriente magnética invisible… igual que hace unos instantes ese ramillete de novia flotaba en el arroyo repugnante.

Algo en esas palabras me recordó, fugazmente, el ritornelo de Eleanor Rigby, de los Beatles: Oh, look at all the lonely people.

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Gustav Meyrink en su salsa

 

Ese capítulo es una formidable concentración de sucesos, alusiones e imágenes que el desbocado talento narrativo y literario de Gustav Meyrink concentra en diez páginas de sórdida belleza. Tensión emocional y estética desde la primera línea hasta la última.

Sin metáforas ni símiles, la literatura es planicie.

 

Aquí hay más reflexiones sobre El Golem.

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30 julio, 2017 — Deja un comentario

Publicado en Málaga Hoy el viernes 7 de julio de 2017.

Despedida de esta columna hasta el próximo octubre. Disfruten del verano, si les dejan.

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TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles 

59

Texto sentido número cincuenta y nueve; quincuagésimo nono. Pero el verano trae sus propios planes. Será apretado en quehaceres y placeres y, sobre todo, he de ponerme a escribir de nuevo (porque esto es más bien redactar), tras un paréntesis largo y lacerante. Ojalá quieran disculpar esta inelegante zambullida en lo personal, hoy quizás justificada.

Este faldón literario hará un alto en su gozoso itinerario, con la venia del director de tan hospitalario periódico y el propósito de regresar en octubre.

En mi libreta tengo anotados muchos asuntos e ideas que iban a dar lugar a los próximos artículos. Se me ocurre que puede estar bien consignar algunos de ellos, un poco al tuntún, como despedida de esta primera temporada y sin otra ilación que el entusiasmo lector del que son hijos.

Hay un precioso haiku de Inembô, discípulo del gran Bashô, que evoca intimidad y buen tiempo:

Puertecita enrejada

Flores en la maceta

Cabaña de paz

Recogimiento.

No lejos de aquellas tierras, pero mucho tiempo antes, en la China del siglo III a.C., Zhang Hua anotaba en su Relación de las cosas del mundo que:

En el mar viven también, pero debajo del agua, los hombres jiao. Son semejantes a peces; tejen cantando bajo el agua y del interior de sus ojos salen perlas.

En Los demonios, el austriaco Heimito von Doderer hace una casi sarcástica observación que parece ir derechita contra los literatos amantes de revestir los paisajes con emociones humanas, algo que el crítico Ruskin llamó, con gracejo y mala uva, falacia patética:

El paisaje guardaba un silencio distinguido, exactamente igual que todos los paisajes. No responden a las preguntas que se les formulan. Ocurre como cuando un balón rebota contra la pared.

La guasa de von Doderer: emplear la misma maniobra contra la que arremete.

Está de moda —son tiempos post— hablar de la política de emociones y la democracia sentimental, como la llama Arias Maldonado. Dostoievski, en El Idiota, ya nos ponía en guardia ante los deseos como fuente de derechos:

…se considera simplemente un derecho, si se desea algo con ansia, no detenerse ante ningún obstáculo, aunque haya que cortarle el resuello a ocho personas.

Ahora inquietémonos. El suizo Jacques Chessex escribió en 2007 una novela inspirada en hechos realmente acaecidos. Se titula El vampiro de Ropraz y la compré, sin referencias previas, porque me gustó el diseño de su sanguínea cubierta y sus primeras líneas, que siempre leo antes de comprar un libro. He aquí unos mordiscos de su prosa tensa y colmilluda:

Mientras tanto corre el vampiro de Ropraz, corre el primo lejano de Drakul y tan parecido a él, maestro lunar de las escarpaduras de Valaquia y de Transilvania desolada de crímenes. […]

Tantas vírgenes jóvenes duermen su sueño de lis en tantos lechos vertiginosamente tibios. […]

A falta de víctima humana, perfora a las vacas y a las terneras a la espera de que otras muchachas muertas vuelvan a ponerse a tiro. O vivas, ¿por qué no? Gacelitas muy dulces y cálidas, en su sueño inocente de colegialas, catecúmenas o jóvenes madres sobre las que arrastrarse y frotar su hocico inmundo.

And that’s all, folks. Si nada se tuerce y ustedes me hacen la merced, seguiremos hablando de lecturas y textos después del verano. Lectoramente suyo,

Sanz Irles.

el_golem_gustav_meyrinkA principios del siglo XX Alemania es una marmita intelectual en la que hierven ideas a borbotones. A los románticos alemanes (los verdaderos románticos, por otra parte) se les había ido la mano, pensaron muchos, y para poner orden llegaron los realistas con su antídoto. Luego también estos empezaron a ser tenidos por insuficientes y romos, y llegó el expresionismo, que arremetió con furia contra románticos y realistas a la vez, haciendo esfuerzos titánicos por echarlos del pueblo o, al menos, reventarles las costuras y hasta el orgullo. De todos estos fragores, algunos reductos fantásticos pudieron sobrevivir agazapados aquí y allá, como en el caso de Gustav Meyrink (Austria, 1886-1932).

El atractivo de su novela El Golem está en su hábil mezcolanza de un estilo ágil, con dosis de visión poética, misterio, mito, personajes que cautivan, a la vez que repelen y, dulcis in fundo, un erotismo maravillosamente medido y salpimentado,una procacidad muy literaria. Sepamos ya algo de la salaz Rosina:

…al llegar a mi puerta vi que se trataba de Rosina, la hija del buhonero […] una pelirroja de catorce años.

Debí rozarla al pasar, y ella se echó hacia atrás voluptuosamente, la espalda arqueada contra la baranda de la escalera. […]

Mi corazón se agitaba ante la vista de esa sonrisa desvergonzada. […]

Sus pestañas de pelirroja me dan asco, como las de los conejos.

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