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Adúlteras

3 enero, 2014 — 1 Comentario

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El premio concedido a Víctor Gallego por su traducción de Anna Karénina (publicada en Alba minus), me sirvió de pretexto para volver a zambullirme en esta inmensa novela (e intentar luego un harakiri por no haberla escrito yo), que había leído cuando muy joven e inexperto, sin enterarme ni de la mitad de cuanto me he enterado ahora. Y es que, claro, haber tenido tiempo de vivir en persona el cornerío desde dentro, desde fuera, de perfil y de soslayo, de haber sido víctima, victimario, espectador, narrador, narratario, corneador y empitonado, y de haber desempeñado todos los demás papeles que suelen darse en estos dolorosos sainetes, da tablas y hace escuela.

Y ya metidos en harina, en cuanto terminé Anna Karénina (AK) me leí en otro arreón Madame Bovary (MB), la otra gran adúltera de la literatura moderna (con el permiso, como me recordaba una amiga sabia y leída, de La Regenta, de la que me estoy ocupando estos días). Como la cosa iba un poco de comparaciones, en lugar de volver a leer el texto en francés agarré una vieja traducción hecha por Carmen Martín Gaite, ya que, para mi eterna desgracia, no sé ruso y no era cosa de leer a Flaubert en directo y a Tolstói a través de su vocero, pues la comparación se habría resentido. Continuar leyendo…

Sylvia

27 octubre, 2013 — 6 comentarios
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Sylvia Plath

Fue un encuentro muy feliz, el mío, con la estadounidense Sylvia Plath, hace ya años, y que me sigue trayendo a la vez felicidad y melancolía.

Sylvia Plath y su poesía, y su vida, y ella misma… una mujer de aires ingrávidos, transparentes, leves. Su rostro, su cuerpo y su palidez le confieren un dudoso pero innegable atractivo. Se presenta ante el mundo con un estar enfermizo, morboso, doliente y misterioso. Su poesía la avala y confirma su aspecto. Su vida también.

Mujer del poeta británico Ted Hughes, quien la abandonó por otra mujer no exenta de poder de fascinación, Assia Wevill (¡con semejante nombre, ya podría!), que se suicidó poco después de que también lo hiciera la propia Sylvia.

He aquí el poema Morning song, de su poemario Ariel, acompañado de una traducción al español. Es poderoso, espléndido y sugerente. Tiene imágenes sarcásticas y casi brutales («like a fat gold watch»), metafísicas («your nakedness / shadows our safety»), espectacularmente poéticas, como la nube que contempla su propio borrarse por obra del viento, o irónicas, como ese fantástico «cow-heavy and floral».

Love set you going like a fat gold watch.                                                               
The midwife slapped your footsoles, and your bald cry                                    
Took its place among the elements.                                                                      

Our voices echo, magnifying your arrival. New statue.                                        
In a drafty museum, your nakedness                                                                    
Shadows our safety. We stand round blankly as walls.  

I’m no more your mother  
Than the cloud that distils a mirror to reflect its own slow
Effacement at the wind’s hand.

All night your moth-breath   
Flickers among the flat pink roses. I wake to listen:                                            
A far sea moves in my ear.   

One cry, and I stumble from bed, cow-heavy and floral   
In my Victorian nightgown. 
Your mouth opens clean as a cat’s. The window square   

Whitens and swallows its dull stars. And now you try    
Your handful of notes;                                                 
The clear vowels rise like balloons.   

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El amor te puso en marcha como a un gordo reloj de oro.
La partera te palmeó las plantas de los pies y tu llanto desabrido
Ocupó su lugar entre los elementos.

Nuestras voces le hacen eco, magnificando tu llegada. Nueva estatua.
En un frío museo, tu desnudez
Es la sombra de nuestra seguridad. Te rodeamos inexpresivos como paredes.

Y no soy más tu madre
Que la nube que gota a gota instiló un espejo para reflejar su propio lento
Desvanecerse en las manos del viento.

Toda la noche tu aliento de mariposa
Aletea entre las insulsas rosas rosas. Me despierto para escuchar:
Un mar remoto resuena en mi oído.

Un llanto, y me levanto a los tropezones de la cama.
Pesada como una vaca entre las flores de mi camisón victoriano.
Tu boca se abre franca como la de un gato.
El cuadro de la ventana

Se aclara y traga sus monótonas estrellas. Y ahora ensayas
Tu puñado de notas;
Las claras vocales se elevan como globos.

(Traducción de María Julia de Ruschi Crespo).

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Avatar de Sanz Irles

A mis amigos olvidadizos y a unos cuantos conocidos poco avisados, los devuelvo a los tiempos del parvulario y les hago copiar cien veces en su cuaderno:

Hay que leer a Alejo Carpentier. Hay que leer a Alejo Carpentier. Hay que leer a Alejo Carpentier. Hay que leer a Alejo Carpentier…

 

(Próximo recordatorio: Juan Rulfo).

La editorial Navona, a la que hay que darle las gracias por el regalo, nos ofrece Novelas bálticas, de Eduard von Keyserling, un pequeño volumen que agrupa cuatro maravillosas obras: Armonía, Aquel sofocante verano, Nicky y Un rincón apacible, traducidas por Miriam Dauster y X. Fernández .

Si tienen ocasión, no lo duden ni un instante: léanlas.

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Eduard von Keyserling

Von Keyserling, de aquellos alemanes del báltico que mantuvieron su lengua y su cultura en la antigua Curlandia (parte de la actual Letonia) y constituyeron una de las élites comerciales e intelectuales del imperio ruso, es un digno representante del impresionismo literario, corriente entregada el esfuerzo de registrar, antes que cualquier otra cosa, las sensaciones y reivindicar la imaginación, y que luchó por deshacerse de lo que tenía por contaminaciones intelectualistas. Ya he tenido ocasión de comentar alguna vez cuánta importancia doy a los detalles en la narración literaria; por eso leo con gusto obras impresionistas, porque les dedican una atención muy meritoria y esmerada.

Si tuviera que resumir en una palabra las impresiones (nunca mejor usado, el término) que me ha dejado esta maravillosa lectura (que sigue y sigue rondando en mi cabeza, zumbando como laboriosas abejas y sin querer irse), tal vez escogería «delicadeza». La prosa, propia de un escritor de aquella pequeña aristocracia provinciana de finales del XIX y principios del XX, parece el vuelo de una mariposa: liviano, ingrávido, silente y lleno de gracia; una temblorosa y titubeante gracia.

Pero esta descripción es engañosa porque Von Keyserling, pese a centrarse en contarnos las, aparentemente, superficiales penas de una aristocracia en plena decadencia, autocomplaciente y aislada, como entre gasas, del mundo en el que pululaba, toca, con mucho tino, temas que siempre importan y siempre duelen: la muerte, los celos, la familia, la zozobra ante las dudas sobre la propia identidad, el sentimiento de pertenencia. Continuar leyendo…

En este post hablo de técnicas literarias, de género y metagénero (¿mande?), de clítoris eréctiles y ojos zarcos, comparo unas novelas con otras… y hago algunas cosas más.

Acabo de leer Black, black, black, una novela… sí, negra (¿pero cómo han podido adivinarlo?) de Marta Sanz, novelista y poetisa:black-black-black-9788433972071

Bajo los pétalos de flores, / contra los pistilos, / en el lecho de corola, / dos diminutas nínfulas / restriegan sus pubis rubios / contra los pistilos.

(Marta Sanz, «Hardcore», Bartleby Editores).

(Igual ella prefiere ser «poeta», pero a mí me gusta lo de poetisa). Ningún parentesco nos relaciona a Marta y a mí pese al apellido compartido, que yo sepa, y ni siquiera tengo el gusto de conocerla, pero en mis anaqueles, que obedecen al alfabeto, sus escritos figuran junto a los míos.

Por si esta entrada se hace más larga de la cuenta, me apresuro a declarar lo importante: la novela es magnífica, y además tiene la virtud de ir creciendo a medida que uno se adentra en la historia: crece en interés de trama, pero sobre todo en densidad literaria.

¿Por qué me compré este libro? ¿Por qué se compra uno un libro y no otro? En algún artículo tengo contado, no hace mucho, que yo ya he dejado, con raras excepciones, de comprar libros siguiendo los consejos de críticos o amigos, porque cada día soy más raro y mis gustos divergen más y más de los suyos, y porque ya no estamos en edad de delegar responsabilidades. Para elegir qué libros comprar, sigo dos sistemas que suelen darme buenos resultados: Continuar leyendo…