Archivos para 30 November, 1999

Anagnórisis

10 febrero, 2016 — 1 Comentario

Los Maia

¡Como en un sueño!

Creía haber leído Los Maia hacía muchos años, cuando empujaba mi arrogancia inexperta y mi rijo juvenil por las calles de un mítico Ámsterdam, así que pensé que me disponía ahora a releerla. No era así, y a las pocas páginas me di cuenta del ensueño. No sé qué fue lo que leí, que me hizo creer lo que nunca pasó. Tal vez otra obra de Queirós, tal vez una reseña… tal vez soñar.

Nueva lectura, pues, recién concluida, que me deja sensaciones oscilantes y ambiguas.

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Lisboa

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Estoy terminando la lectura de The grapes of wrath, de John Steinbeck y he sentido una vez más la impelente curiosidad (¡cuánto le gustaba lo de «impelente» a Lezama Lima!) de ver cómo se ha traducido esta novela. Por lo pronto cabe consignar que en nuestra lengua tiene más de un título: Las uvas de la ira principalmente, pero también Las viñas de la ira, en Venezuela, e incluso, creo, Viñas de ira en Argentina, aunque no sé si este último es sólo para la película, de John Ford, y no para el libro.

La única versión que he encontrado en las librerías de mi ciudad es la que publicó Alianza (no una editorial menor, precisamente), a cargo de María Coy Girón, de quien no creo haber leído otras traducciones con anterioridad.

Nada más empezar a ojearla (o a hojearla, lo que prefieran), me asaltaron la incredulidad, el pasmo y la decepción, creo que por ese orden, al ver que el principal y más característico rasgo estilístico y de lenguaje de la novela ha sido eliminado por completo; arrancado de raíz, sin contemplaciones ni piedad. Me refiero al habla regional de los personajes, al dialecto de la Oklahoma rural, tierra de los protagonistas.

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Tetas

5 enero, 2016 — Deja un comentario

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El protagonista de Tulipanes y delirios (cuya edición impresa saldrá a finales de febrero de 2016, Ediciones Alfar), es, entre otras cosas, un gran aficionado a las tetas y se fija mucho en ellas, como puede verse en esta sucinta selección de fragmentos de la novela, que me ha parecido divertido entresacar:

Me hipnotiza el volumen de sus lechosos senos, ceñidos por suaves prendas de angora de tonos pastel, que le dan un cierto aire de gatona maternal y generosa.

Embriaguez de espliego, bergamota y suave aire de coco sube desde su cuello y su canalillo

…la teta misma, blanca y cremosa; la areola café con leche —toffee de primera— hinchada y en relieve; y el pezón marrón oscuro, tieso y lanzado hacia delante, como el hocico de una zarigüeya que todo lo husmea. Sniff sniff.

En un espejo de cuerpo entero que la reflejaba de lado, y en el propio cristal de la ventana, veía los pezones aplastarse y los pechos desparramarse, mientras un fino reguero de sudor resbalaba desde la axila por el costado,

El ígneg4-tokyo-dandyo dragón bordado en la solapa izquierda tiene las fauces abiertas y parecen a punto de cerrarse sobre el pechito-melocotón, la teta-breva, que tanta ternura y deseo me provoca

Me cruzaba con muchas mujeres o me adelantaban a la carrera, casi todas jóvenes, con sus gorritos y las toallas al cuello, sudor brillante en los rostros, las rubias colas de caballo flagelándoles la espalda al correr, y las tetas, sus tetas, esas tetas que se bamboleaban y subían y bajaban con cada trote, esas montañas, esos ochomiles, esos soufflés, esos bultos nutricios, esos cántaros de nata, esas cornucopias, esos exultantes triunfos de la naturaleza a mi alrededor, a pares, por docenas y docenas, que me entraban ganas de gritar a pleno pulmón: ¡Margarita está linda la mar!, o Sweet Helen, make me immortal with a kiss!

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En la historia de la novela francesa, los 50 se nos aparecen como años de zozobra y desconcierto.

Entre las dos guerras mundiales la literatura en Francia se siente dueña de su destino y no se cuestiona a sí misma, sino que, simplemente, se hace. Es la época de Valéry, Gide, Claudel, (Proust es caso aparte) y acto seguido de los ensoberbecidos Céline, Aragon, Malraux y Bernanos. La atormentada pregunta «¿Qué es la literatura?», que Sartre hace en 1947 y que tanto ha dado de sí, no inquietaba demasiado a esos novelistas.

Después, en la década de los 60, la obsesión por «el texto» devolverá, a su manera, un centro de gravedad preciso y reconocible al quehacer novelístico. Continuar leyendo…

Pedro Páramo

26 septiembre, 2015 — Deja un comentario

Grilletes de palabras. “Incauto. Has empezado a leerme, pues aquí te quedas, conmigo, para siempre”. Eso parece decirte el libro cuando apenas llevas deambuladas unas páginas.

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