Archivos para 30 November, 1999

El oso del azafrán

25 julio, 2014 — 3 comentarios

Un poema de Denise Levertov que, con sencillez asombrosa y envidiable, despliega ante nuestro entendimiento algunos de los milagros del milagroso hecho de leer:

 

polar bear

 

To the Reader

As you read, a white bear leisurely

pees, dyeing the snow

saffron,

and as you read, many gods

 lie among lianas: eyes of obsidian

are watching the generations of leaves,

and as you read

 the sea is turning its dark pages,

 turning

its dark pages.

(from: The Jacob’s Ladder, 1961)

 

ocean dark

Y la traducción que de él hace Carlos Manzano:

 

 

Al lector

Mientras lees, un oso blanco despacio

mea y tiñe la nieve

de azafrán:

mientras lees, muchos dioses

reposan entre lianas: ojos de obsidiana

contemplan las generaciones de hojas,

y, mientras lees,

el mar pasa sus obscuras páginas,

pasa

sus obscuras páginas.

levertov reads

Denise Levertov

Dickinson1

Emily Dickinson. Sublime.

 

El tiempo que no nos queda. El tiempo que la agobiante sociedad de la información nos roba, con alevosía, con iniquidad, cual Golfos apandadores provistos de Twitter. Piove: governo ladro. Hablábamos de eso el otro día y de cómo recuperar lo que nos roba. Hablábamos de leer, como una forma de retomar lo que es nuestro: ¡nuestro tiempo!

Hoy doy un paso más: un poema al día. Por lo menos. Incluso si la poesía aún no es lo vuestro. ¡Sobre todo si la poesía aún no es lo vuestro! Haceos ese regalo. Hacedme caso. No tarda en convertirse en una droga bienhechora, en una compañera de por vida, y nos hace mejores (lo que dábamos por imposible, por incorregibles. La poesía ―la buena― nos demuestra que no lo éramos. ¡Se aceptan apuestas!).

Asomarse a la poesía de Emily Dickinson (1830-1886) da vértigo. Sus versos, retadores, reclaman un lector audaz, capaz de enrolarse en una travesía insegura a la búsqueda de sentidos. La lengua de Dickinson no se ajusta a los mapas conocidos, aunque tampoco ofrece un juego de acertijos, sino un camino de descubrimientos (¿idiolectales?) que recorremos inseguros, obscuri, sub sola nocte per umbram.  (¿Acaso creíais que os ibais a escapar sin el latinajo de rigor? Por cierto, nuestra autora leía La Eneida en latín).

Buena parte del desconcierto de esta poesía «que levanta físicamente la tapa de los sesos» (esa es la definición de la autora de lo que debe ser la poesía) procede de los mil contrastes que nos asaltan cuando intentamos reducirla a categorías. Así, se mezclan en ella imágenes muy familiares junto a otras extrañamente enigmáticas; la delicadeza del tono convive con una repentina contundencia (por no decir brutalidad) expresiva; lo sublime resbala a veces hacia lo irónico; el puritanismo en que fue educada la autora estalla en una rebeldía verbal libérrima y su natural discreción no soslaya la mareante ebriedad de su universo íntimo.

A Emily Dickinson habría que leerla entera, en bloque, como la gran montaña de granito que es. (Ya, pero… ¡es que no tengo tiempo! ¡Maldición!). Escoger un único poema es falsear esa peculiar densidad que sus poemas, exigentes, imponen en los lectores a la manera de un encantamiento. Con esta advertencia ―que parece contradecir mi receta de un poema al día―, me atrevo a traer aquí un poema breathtaking y a ofreceros mi propia traducción:

Continuar leyendo…

Sylvia

27 octubre, 2013 — 6 comentarios
plath3

Sylvia Plath

Fue un encuentro muy feliz, el mío, con la estadounidense Sylvia Plath, hace ya años, y que me sigue trayendo a la vez felicidad y melancolía.

Sylvia Plath y su poesía, y su vida, y ella misma… una mujer de aires ingrávidos, transparentes, leves. Su rostro, su cuerpo y su palidez le confieren un dudoso pero innegable atractivo. Se presenta ante el mundo con un estar enfermizo, morboso, doliente y misterioso. Su poesía la avala y confirma su aspecto. Su vida también.

Mujer del poeta británico Ted Hughes, quien la abandonó por otra mujer no exenta de poder de fascinación, Assia Wevill (¡con semejante nombre, ya podría!), que se suicidó poco después de que también lo hiciera la propia Sylvia.

He aquí el poema Morning song, de su poemario Ariel, acompañado de una traducción al español. Es poderoso, espléndido y sugerente. Tiene imágenes sarcásticas y casi brutales («like a fat gold watch»), metafísicas («your nakedness / shadows our safety»), espectacularmente poéticas, como la nube que contempla su propio borrarse por obra del viento, o irónicas, como ese fantástico «cow-heavy and floral».

Love set you going like a fat gold watch.                                                               
The midwife slapped your footsoles, and your bald cry                                    
Took its place among the elements.                                                                      

Our voices echo, magnifying your arrival. New statue.                                        
In a drafty museum, your nakedness                                                                    
Shadows our safety. We stand round blankly as walls.  

I’m no more your mother  
Than the cloud that distils a mirror to reflect its own slow
Effacement at the wind’s hand.

All night your moth-breath   
Flickers among the flat pink roses. I wake to listen:                                            
A far sea moves in my ear.   

One cry, and I stumble from bed, cow-heavy and floral   
In my Victorian nightgown. 
Your mouth opens clean as a cat’s. The window square   

Whitens and swallows its dull stars. And now you try    
Your handful of notes;                                                 
The clear vowels rise like balloons.   

plath1

El amor te puso en marcha como a un gordo reloj de oro.
La partera te palmeó las plantas de los pies y tu llanto desabrido
Ocupó su lugar entre los elementos.

Nuestras voces le hacen eco, magnificando tu llegada. Nueva estatua.
En un frío museo, tu desnudez
Es la sombra de nuestra seguridad. Te rodeamos inexpresivos como paredes.

Y no soy más tu madre
Que la nube que gota a gota instiló un espejo para reflejar su propio lento
Desvanecerse en las manos del viento.

Toda la noche tu aliento de mariposa
Aletea entre las insulsas rosas rosas. Me despierto para escuchar:
Un mar remoto resuena en mi oído.

Un llanto, y me levanto a los tropezones de la cama.
Pesada como una vaca entre las flores de mi camisón victoriano.
Tu boca se abre franca como la de un gato.
El cuadro de la ventana

Se aclara y traga sus monótonas estrellas. Y ahora ensayas
Tu puñado de notas;
Las claras vocales se elevan como globos.

(Traducción de María Julia de Ruschi Crespo).

plath2

Sin alharacas

17 junio, 2013 — 2 comentarios

alamosHay que ir siempre con los ojos bien abiertos y no desfallecer en el deseo de la busca, sobre todo cuando se entra en una librería, como hice yo el otro día, y mis ojos y mis dedos, fueron a caer sobre un librito de poesía, y lo abrí al azar, y volví a comprobar que la poesía anida en los lugares más insospechados e improbables. (¿Qué tiene de improbable, dirá alguno, que haya poesía en un libro de poesía? No responderé ahora a esta pregunta).

Ni un paso más sin confesar mi culpa: no había oído hablar nunca de esa escritora, de nombre llano, franco, sin dobleces: Dionisia García. Sí, eso mismo, Dionisia García, natural de Albacete, do las navajas y el azafrán, y el nacimiento del río Mundo y el castillo de Almansa y el penal de Chinchilla y un frío que se muestra inmisericorde.

He aquí un poema tímido, frugal, sin alharacas, de la señá Dionisia, que desde entonces se ha convertido en una buena amiga. Sé su lugar exacto en mis anaqueles y mis dedos la encuentran a veces al pasar:

Como alamo cumplido

La casa esta vacía:

él ya dijo su última palabra.

Calle abajo

el silencio se adensa

y los hombres musitan

una plegaria

apenas perceptible.

Tiemblan las flores

al abrazar el túmulo

que avanza con el sol

de una tarde de julio.

Quema la tierra;

la misma que él amó

durante tantos años,

y a la que regresaba

para caer, al fin,

como álamo cumplido.

La plaza, el altozano,

los balcones abiertos,

ofrecen su mudez en homenaje,

mientras pasa la lenta comitiva.

Dionisia García. «Cordialmente suya». (Ed. Renacimiento).

Haiku

10 mayo, 2013 — Deja un comentario

Deambulando inquieto por la casa, demorando, como casi siempre, la hora de acostarme, abro al azar un libro que sobresale en una estantería, y mis ojos se detienen en este haiku primitivo de Teika, de punzante y sobrecogedora belleza:

chiru hana o                    Va persiguiendo
oikakete yuku                  pétalos de cerezo
arashi kana.                     la tempestad.

haiku_kanji

y en este otro, tan solitario, de Bashô:

uguisu ya                           Un ruiseñor                     
take no koyabu ni             llora en el bambudal
oi o naku.                           su senectud.                  

 

Buenas noches.

«Jaikus inmortales». Selección y traducción: Antonio Cabezas. Poesía Hiperión, 2006