Archivos para 30 November, 1999

Acabo de empezar a leer la última novela del escritor malagueño Antonio Soler, Apóstoles y asesinos, aún calentita en los anaqueles de las librerías.  El arranque, in ultimas res, o sea, por el final —así lo parece a primera vista, pero habrá que confirmarlo más adelante— es prometedor: una apetitosa mezcla de densidad literaria, drama personal e historia patria que se anuncia violenta y convulsa desde las primeras líneas.

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Antonio Soler y su novela

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George Eliot.

 

Marzo de 2016. Semana Santa. Acabo de terminar la lectura de Middlemarch. De George Eliot había leído The mill on the Floss. Tenía pendiente esta imponente obra, que iba postergando año tras año con una excusa u otra. Una feliz conversación con dos amigos versados en letras  (Toscano y Montano, y ahorrémonos las rimas que se deriven) en una terracita sureña, bajo un tibio sol invernal y con las burbujas de un buen champán revoloteando en nuestras cabezas, me decidieron a enderezar el entuerto.

Lo que sigue, de modo asaz fragmentario —pero qué más da—, es una selección de mis notas de lectura, con algunos añadidos, pocos, convenientes para su mejor comprensión. También el orden de las notas ha sido alterado, con la pretensión de amalgamar el caos.

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§ Terminada la lectura de Middlemarch, la obra mayor de George Eliot y una cumbre de la novela victoriana y más allá.

§ Ha sido útil, durante la lectura, refrescar conocimientos de la época y ampliarlos un poco.

Era victoriana: de 1837 a 1901; un largo reinado 64 años. Época de turbada grandeza para la Inglaterra imperial. Tiempo de paz y de confiada afirmación del sentimiento nacional. Tiempo de avances tecnológicos, fe en la ciencia y prosperidad, pero también de estupor y remordimiento ante las crueles consecuencias de la revolución industrial para gran parte de la sociedad inglesa.

§ Era de la «novela clásica» por antonomasia.

§ Las novelas victorianas están próximas a la vida cotidiana y comparten un afán moralizante. Narradores omniscientes e intrusivos que establecen, sin despeinarse casi, fronteras nítidas entre el bien y el mal. ¡Fuera relativismos! Continuar leyendo…

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En la historia de la novela francesa, los 50 se nos aparecen como años de zozobra y desconcierto.

Entre las dos guerras mundiales la literatura en Francia se siente dueña de su destino y no se cuestiona a sí misma, sino que, simplemente, se hace. Es la época de Valéry, Gide, Claudel, (Proust es caso aparte) y acto seguido de los ensoberbecidos Céline, Aragon, Malraux y Bernanos. La atormentada pregunta «¿Qué es la literatura?», que Sartre hace en 1947 y que tanto ha dado de sí, no inquietaba demasiado a esos novelistas.

Después, en la década de los 60, la obsesión por «el texto» devolverá, a su manera, un centro de gravedad preciso y reconocible al quehacer novelístico. Continuar leyendo…

Acabo de encontrar un video que ni recordaba tener: el de la presentación que Manuel Arias hizo de mi novela «Una callada sombra», hace ya tres años. Tras su presentación, le doy la réplica.

Novela, narrativa, teoría literaria, análisis crítico: para verlo con una copa de vino o un gin tonic a mano. (Tal vez para muy cafeteros):

La novela puede encontrarse en amazon.es sin problemas.

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Si les interesa pensar sobre la literatura además de leerla, es probable que este libro les interese. Lo mejor será empezar por el final y así ya deciden ustedes si les apetece seguir.

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Terry Eagleton

Después de haberle dado mil y una vueltas (interesantes vueltas) al concepto de  «teoría de la literatura», su historia, evolución y temas esenciales (cuando tengo el día cursilón, esto de «esencial» me pone como una moto), Eagleton nos dice que, en el fondo, la teoría, toda teoría, no es más que una empresa condenada al fracaso, y eso por dos razones, que son las siguientes:

  1. La teoría es el momento en que las prácticas (culturales, sociales o las que sean) entran en crisis y se ponen a pensar en sí mismas, a «pensarse», para ver cómo salen del atolladero en el que se han metido. (Eso, por cierto, las convierte en algo bastante narcisista, como advierte el propio Eagleton).
  2. La teoría consiste en que una práctica X se curva sobre sí misma para escudriñarse, para escrutarse las entrañas, lo que le impide un análisis con las  imprescindibles dosis de desapego y distancia. Resultado: el fracaso inevitable.

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