Archivos para 30 November, 1999

cayrol leds corps

En la historia de la novela francesa, los 50 se nos aparecen como años de zozobra y desconcierto.

Entre las dos guerras mundiales la literatura en Francia se siente dueña de su destino y no se cuestiona a sí misma, sino que, simplemente, se hace. Es la época de Valéry, Gide, Claudel, (Proust es caso aparte) y acto seguido de los ensoberbecidos Céline, Aragon, Malraux y Bernanos. La atormentada pregunta «¿Qué es la literatura?», que Sartre hace en 1947 y que tanto ha dado de sí, no inquietaba demasiado a esos novelistas.

Después, en la década de los 60, la obsesión por «el texto» devolverá, a su manera, un centro de gravedad preciso y reconocible al quehacer novelístico. Continuar leyendo…

Acabo de encontrar un video que ni recordaba tener: el de la presentación que Manuel Arias hizo de mi novela «Una callada sombra», hace ya tres años. Tras su presentación, le doy la réplica.

Novela, narrativa, teoría literaria, análisis crítico: para verlo con una copa de vino o un gin tonic a mano. (Tal vez para muy cafeteros):

La novela puede encontrarse en amazon.es sin problemas.

vian2El otro día, cuando ya haraganeaba la tarde, me entraron de repente unas ganas tremendas de leer otra vez la vieja novelita de Boris Vian Escupiré sobre vuestra tumba.

No he identificado qué resorte psicológico me llevó a ello, cuál fue el detonante del deseo y la memoria, aunque creo que lo supe, durante una milésima de segundo, justo cuando me asaltó el impulso de manera tan inopinada, tan intempestiva. Vi, fugacísimamente, la extraña asociación de ideas que me había llevado hasta allí. Vi, lo cual es asombroso (pero el asombro, nos recuerda Jünger, «es nuestra mejor parte»), la imagen —un rostro o una situación o tal vez un cuarto en el que viví— desencadenante de la secuencia que, como una estampida, me llevó a esa novela a la velocidad de la luz.

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Juan Goytisolo

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Ámsterdam 1977.

En aquellos meses (fue tiempo de mudanzas) yo vivía en un viejo apartamento de Riouwstraat, cerca del Tropenmuseum y del zoo Artis, o tal vez fuera en la residencia de estudiantes de Weesperstraat, junto a la casa de Spinoza, no estoy seguro. La capital holandesa seguía siendo una ciudad prohibida en el imaginario de muchos aspirantes a transgresor; pecaminosa; perdida y, por si fuera poco, con la sensibilidad refugiada en los lienzos de sus grandes maestros pintores, amenazada por la pasión de la compraventa. Recuerdo muchas nieblas de finales de aquel invierno. Entonces aún tenía una novia surinamesa, de Paramaribo, estudiante de filología y azafata de KLM. Sus axilas olían a selva y a líquenes y el aroma de sus ingles era como la mirada de Medusa.

La relación, ¡ay!, daba sus últimas boqueadas. Continuar leyendo…

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Si les interesa pensar sobre la literatura además de leerla, es probable que este libro les interese. Lo mejor será empezar por el final y así ya deciden ustedes si les apetece seguir.

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Terry Eagleton

Después de haberle dado mil y una vueltas (interesantes vueltas) al concepto de  «teoría de la literatura», su historia, evolución y temas esenciales (cuando tengo el día cursilón, esto de «esencial» me pone como una moto), Eagleton nos dice que, en el fondo, la teoría, toda teoría, no es más que una empresa condenada al fracaso, y eso por dos razones, que son las siguientes:

  1. La teoría es el momento en que las prácticas (culturales, sociales o las que sean) entran en crisis y se ponen a pensar en sí mismas, a «pensarse», para ver cómo salen del atolladero en el que se han metido. (Eso, por cierto, las convierte en algo bastante narcisista, como advierte el propio Eagleton).
  2. La teoría consiste en que una práctica X se curva sobre sí misma para escudriñarse, para escrutarse las entrañas, lo que le impide un análisis con las  imprescindibles dosis de desapego y distancia. Resultado: el fracaso inevitable.

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