Archivos para 30 November, 1999

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Los viernes publico una sección en las páginas de cultura del diario Málaga Hoy.

En ellas pongo una lupa sobre textos literarios, intentando escarbar, arañar la superficie, mirar debajo de ellos y examinar qué puede haber que tal vez no se vea a simple vista.

Este se fija en un pasaje de la primera parte de una trilogía del grandísimo, pero no demasiado conocido, escritor Alfred Döblin, titulada Noviembre de 1918.

Quimo Döblin

Para quien pueda tener dificultad de lectura con la foto del artículo, aquí va el texto:

TEXTO SENTIDO

Sanz Irles. Escritor

@SanzIrles

QUIMO-DÖBLIN

Alfred Döblin, conocido sobre todo por Berlín Alexanderplatz, también era médico. Su lado científico aflora en lo que escribe.

En Burgueses y soldados —1ª parte de una novela sobre el fracaso de la revolución socialista alemana de 1918 y el surgimiento de la República de Weimar— esa faceta aparece pronto, al narrar la muerte de un piloto herido de bala en el vientre.

El plomo […] salió al mundo para entrar en ese cuerpo tierno como la raíz de una planta entra en la tierra fértil […] Los largos y finos intestinos se movían, no se contrajeron cuando llegó la bala, iba demasiado rápida, se abrió paso a través de ellos y probó al pasar el diluido quimo que allí se encontraba desde el desayuno…

La insólita aparición del quimo nos abre la puerta a unas entrañas violadas e inquietantes. La bala sigue su camino hasta incrustarse en un hueso y luego:

El enfermo se fue apagando solo. Las finas plantitas que la bala de plomo había llevado a su cuerpo desde el aire y desde su guerrera proliferaban en el vientre. Recubrían los intestinos con un soplo turbio […] Los hongos habían recorrido las venas del hombre dejándose arrastrar alegremente por la cálida corriente de la sangre […] Y ahora el humano se había convertido en una enorme bóveda hueca…

Por las paredes de la bóveda reptan plantas trepadoras […] monstruos de cuellos atrofiados salen del fango, los colibríes zumban con sus curvados picos, las flores les tienden sus chillonas corolas y les sacan estrechas lenguas rojas.

Las enfermeras lo palpan, lo incorporan, lo llaman…

Pero la selva virgen lo ha engullido.

La dulce naturaleza de flores y colibríes se ha convertido, sibilinamente, en ponzoña y muerte. La bala ha inoculado otra vida, que coloniza el cuerpo. El soplo turbio nos pone en guardia ante el lado traicionero de las finas plantitas; el cálido torrente transporta maderadas de ominosos hongos; otras plantas no crecen, sino que reptan; «proliferar» es aquí un verbo aterrador.

Así prepara Döblin el párrafo en el que unas chillonas corolas o unas burlescas lenguas rojas pierden toda inocencia. Ya sólo las podemos ver como deformes monstruosidades que han eviscerado al hombre hasta matarlo. La ciencia presta lúgubres recursos al escritor.

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George Eliot.

 

Marzo de 2016. Semana Santa. Acabo de terminar la lectura de Middlemarch. De George Eliot había leído The mill on the Floss. Tenía pendiente esta imponente obra, que iba postergando año tras año con una excusa u otra. Una feliz conversación con dos amigos versados en letras  (Toscano y Montano, y ahorrémonos las rimas que se deriven) en una terracita sureña, bajo un tibio sol invernal y con las burbujas de un buen champán revoloteando en nuestras cabezas, me decidieron a enderezar el entuerto.

Lo que sigue, de modo asaz fragmentario —pero qué más da—, es una selección de mis notas de lectura, con algunos añadidos, pocos, convenientes para su mejor comprensión. También el orden de las notas ha sido alterado, con la pretensión de amalgamar el caos.

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§ Terminada la lectura de Middlemarch, la obra mayor de George Eliot y una cumbre de la novela victoriana y más allá.

§ Ha sido útil, durante la lectura, refrescar conocimientos de la época y ampliarlos un poco.

Era victoriana: de 1837 a 1901; un largo reinado 64 años. Época de turbada grandeza para la Inglaterra imperial. Tiempo de paz y de confiada afirmación del sentimiento nacional. Tiempo de avances tecnológicos, fe en la ciencia y prosperidad, pero también de estupor y remordimiento ante las crueles consecuencias de la revolución industrial para gran parte de la sociedad inglesa.

§ Era de la «novela clásica» por antonomasia.

§ Las novelas victorianas están próximas a la vida cotidiana y comparten un afán moralizante. Narradores omniscientes e intrusivos que establecen, sin despeinarse casi, fronteras nítidas entre el bien y el mal. ¡Fuera relativismos! Continuar leyendo…

Anagnórisis

10 febrero, 2016 — 1 Comentario

Los Maia

¡Como en un sueño!

Creía haber leído Los Maia hacía muchos años, cuando empujaba mi arrogancia inexperta y mi rijo juvenil por las calles de un mítico Ámsterdam, así que pensé que me disponía ahora a releerla. No era así, y a las pocas páginas me di cuenta del ensueño. No sé qué fue lo que leí, que me hizo creer lo que nunca pasó. Tal vez otra obra de Queirós, tal vez una reseña… tal vez soñar.

Nueva lectura, pues, recién concluida, que me deja sensaciones oscilantes y ambiguas.

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Lisboa

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Estoy terminando la lectura de The grapes of wrath, de John Steinbeck y he sentido una vez más la impelente curiosidad (¡cuánto le gustaba lo de «impelente» a Lezama Lima!) de ver cómo se ha traducido esta novela. Por lo pronto cabe consignar que en nuestra lengua tiene más de un título: Las uvas de la ira principalmente, pero también Las viñas de la ira, en Venezuela, e incluso, creo, Viñas de ira en Argentina, aunque no sé si este último es sólo para la película, de John Ford, y no para el libro.

La única versión que he encontrado en las librerías de mi ciudad es la que publicó Alianza (no una editorial menor, precisamente), a cargo de María Coy Girón, de quien no creo haber leído otras traducciones con anterioridad.

Nada más empezar a ojearla (o a hojearla, lo que prefieran), me asaltaron la incredulidad, el pasmo y la decepción, creo que por ese orden, al ver que el principal y más característico rasgo estilístico y de lenguaje de la novela ha sido eliminado por completo; arrancado de raíz, sin contemplaciones ni piedad. Me refiero al habla regional de los personajes, al dialecto de la Oklahoma rural, tierra de los protagonistas.

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caos

En el principio era el caos

 

Cualquiera que tenga unas pocas docenas de libros descubre pronto la verdad de aquellas palabras que Borges escribió en Los Teólogos, una de las narraciones de El Aleph.

Como todo poseedor de una biblioteca, Aureliano se sabía culpable de no conocerla hasta el fin.

Nunca he olvidado ese lamento desde que lo leí, hace ya eones.

(Recuerdo bien Los Teólogos, ese relato que arranca con unos dramáticos ablativos absolutos: Arrasado el jardín, profanados los cálices y las aras… Pero esa es otra historia).

Hay, empero, otra oración posible, parafraseando la de Borges, como he podido comprobar estos días. Es esta:

«Como todo poseedor de una biblioteca, Aureliano se sabía culpable de hospedar algunos libros indignos».

Pronto serán purgados, arrojados a las tinieblas o al fuego purificador de la estufa, que aún arde, en vista del veleidoso marzo.

Esto va de libros y bibliotecas y bibliofilia, esa manía de la que no tengo ningún interés en curarme. Mejor dicho, va de unos libros, una biblioteca y una bibliofilia particulares: los míos. Quién sabe si aireando mis anaqueles y sacudiéndoles el polvo a montones de volúmenes que han ido creciendo, casi inadvertidamente, a lo largo de muchos años, acompañándome por muchos países y muchas casas en las que he vivido, no rescataré del olvido vivencias, casos, personas, amoríos, desgarros y remiendos, retazos, en fin, de mi vida, que merecen mejor suerte que la de permanecer arrumbados en un inhóspito e invisible baúl. Los libros, como la música, tienen gran poder de evocación y de entre sus páginas saltan a veces trozos de pasado y se echan a volitar por la estancia, como mariposas, o se nos agarran a la piel como garrapatas; nos lo asegura Borges (otra vez él, y no me lo había propuesto) en su poema Las cosas.

Un libro y en sus páginas la ajada
Violeta, monumento de una tarde
Sin duda inolvidable y ya olvidada

Abriendo libros, librillos y libracos que habían estado cerrados por lustros han salido, es verdad, muchas cosas: Continuar leyendo…